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Despedimos a Eduardo Areco


Fue parte de aquellas vanguardias que, al calor de una oleada de radicalización humana que recorrió los cinco continentes, se comprometieron en sentido socialista y revolucionario durante los años ’60. Comenzó su decenal recorrido en Bahía Blanca, uno de los semilleros de cuadros y dirigentes de la corriente política fundada por Nahuel Moreno. La ruptura del PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) a principios de 1968 lo encontró posicionado en el lugar correcto, es decir, confrontando la desviación foquista que, al interior del partido, elegía la vía político-militar para enfrentar –en su mismo terreno y con los mismos métodos– a la violencia de los poderes opresivos. Fue fundador y animador, sucesivamente, del PRT (La Verdad), del PST (Partido Socialista de los Trabajadores) y del viejo MAS (Movimiento al Socialismo), hasta retirarse en 1999.
Se desempeñó fundamentalmente en tareas centrales de organización, funcionamiento interno y como redactor del periódico en los respectivos locales centrales que tuvo el partido. Se trata de funciones definidas, en el ámbito de la política, como “de aparato”, expresión que habla del sentido instrumental y casi mecánico que asigna la política –también en su versión revolucionaria– a una elección de vida basada en la integridad moral, la disponibilidad cotidiana y en la confianza probada de la que es merecedor cada protagonista. Atributos que “el Gordo” –con quien nos tocó compartir muchos años en el viejo MAS, incluso algunos en su Comité Central– transmitía muy naturalmente cada vez que se lo solicitaba o en la calidez con que restituía la presencia de los más de 100 asesinados y asesinadas del PST por la dictadura genocida.
Nos toca despedir con afecto y tristeza a un noble y abnegado compañero en momentos de una encrucijada histórica de la humanidad. Lo hacemos desde de la teoresis y la práctica del humanismo socialista y revolucionario, habiendo superado el paradigma político que Eduardo defendió hasta que sus fuerzas lo permitieron.



  Mario Larroca- Cristina Gabelloni