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Crimen de Luis Espinoza en Tucumán: Asesinato de estado democrático


Después de varios días de búsqueda, finalmente apareció el cuerpo de Luis Armando Espinoza. Estaba desaparecido desde un operativo policial en una zona del departamento tucumano de Simoca el viernes 15 de mayo, en el que -según su hermano, con quien pasaba por allí- había sufrido un disparo a quemarropa por parte de la policía. Que el cadáver haya sido encontrado, sobre todo gracias al rastrillaje de familiares y vecinos, una semana después y en un paraje en Catamarca, muy cerca de la frontera provincial, indica la existencia de todo un operativo de encubrimiento previo para tapar este crimen, el cual comenzó por la comisaría local y arriba hasta el gobernador Manzur. Se trata de una nueva desaparición seguida de muerte a cuenta del régimen democrático, recordándonos de sus lazos de continuidad con la dictadura y de que los Estados son, todos y sin excepción, asesinos y criminales. Particularmente la policía tucumana es una de las más violentas también por haber sido formada bajo la sombra de Antonio Domingo Bussi, militar genocida y ex interventor de la provincia durante la dictadura de 1976 que luego, tristemente, fue elegido gobernador de Tucumán en los ‘90.
Este hecho se produce en un momento particularmente delicado. Ya habíamos advertido, en base a los innumerables casos de abuso policial dados a conocer por los organismos de derechos humanos, el gran peligro que se planteaba al conferir mayores márgenes de acción a las fuerzas represivas durante la cuarentena, por su impacto en el presente y por sus consecuencias a futuro. El crimen de Luis es una triste muestra. Esto es lo que dispuso Alberto Fernández, que tan cuidadoso dice ser de la vida de la población mientras que se obstina en no decir ni una palabra de los abusos policiales en sus conferencias. ¿Y ahora? ¿Seguirá guardando silencio? Por lo pronto solo vemos la maniobra de siempre: tomar distancia a través de la detención (tardía, por cierto) de los policías implicados.
Nos solidarizamos con los seres queridos de Luis Espinoza y nos sumamos al pedido de justicia y a la denuncia de la impunidad y complicidad del gobierno provincial y nacional y de todo el aparato estatal, responsable de este crimen. Mucho más aún en estos momentos, cuando hay un pensamiento especial sobre la vida y la necesidad de defenderla, debemos ser muy conscientes de que los Estados y sus siervos armados son los primeros que la ponen en riesgo. Alentamos, en este sentido, la constitución de ámbitos colectivos independientes en los que se pueda desarrollar un compromiso solidario y antirrepresivo permanente.