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Ineptitud y represión estatal: defender la vida depende de nosotros


Se suceden las semanas, los meses y debemos seguir afrontando la situación de pandemia. Los Estados –responsables directos del origen y agravamiento de esta emergencia– no saben cómo proteger a sus propias poblaciones. O, mejor dicho, la única manera que conciben esta “misión” es a través del control, del disciplinamiento, del sometimiento a las leyes con el correspondiente castigo para quienes las desafían. Los ejércitos del mundo poblaron las calles como custodios del aislamiento social. Así, la represión por parte de las fuerzas policiales se profundiza. En el caso de las democracias se trata de una expresión más nítida –sin máscaras– de su carácter totalitario.
Argentina no es la excepción. Barrios populares enteros, como Villa Azul, fueron militarizados “para ser protegidos”, repercuten casos de represión y gatillo fácil por parte de la policía que “hace respetar la cuarentena”, como Luis Espinoza en Tucumán y la comunidad Qom del Chaco. Todo esto transcurre en un ensordecedor silencio por parte de Alberto Fernández y de los organismos que, durante el macrismo, se decían campeones en la defensa de los derechos humanos.
El Estado argentino –como todos– se fundó y afirmó mediante guerras, racismo y represión. Tiene en sus anales el exterminio indígena y la esclavitud, y la persecución a inmigrantes y judíos desde el primer gobierno democrático de Hipólito Yrigoyen. Incluso, luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando las democracias buscaban –con alto grado de hipocresía– redefinir algunos de sus presupuestos para distinguirse de los regímenes totalitarios, el Estado argentino con Perón fortalecía sus instituciones escondiendo mal sus simpatías por el nazismo y el fascismo, abriéndole las puertas a nazis fugitivos e integrándolos incluso en la función pública. Más adelante, otros gobiernos populistas y liberales reciclarían a siniestros personajes de la última dictadura. De todo esto está hecha la democracia en Argentina. Así, frente a la extraordinaria situación de pandemia que vivimos, no es de extrañar –aunque sí para enfrentar y denunciar– la tendencia represiva en curso.
Sin embargo, y más allá de todos los intentos autoritarios, la emersión humana se expresa potente y agente conteniendo exigencias positivas, profundas e incancelables. Una –todavía vaga– necesidad de convivencia humana mejor contra el racismo anima a millones en EE.UU. y más allá, poniendo en jaque el mito democrático integracionista. Una emersión que puede rastrearse muy diversamente, también en las personas que hoy enfrentan la pandemia en primera línea cuidando la vida de todos, o en aquellos/as que sostienen redes de apoyo ayudando a los más vulnerables. De ellos (y con ellos) queremos partir para pensar y reaccionar juntos, emprendiendo un camino posible y radical de mejoramiento de la vida en común. Para ello nos seguimos comprometiendo por el desarrollo de ámbitos solidarios, antirrepresivos y antirracistas, de unión humana y protagonismo consciente, completamente independientes de los poderes opresivos y de sus lógicas engañosas.

Comité de Redacción de Comuna Socialista
21/06/20