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Un burdo intento de justificar la represión


El día sábado 6 de junio salió publicado en Página/12 un artículo de Luis Bruschtein llamado “Macri, Bullrich y la herencia policial”. Ante la acumulación de casos de abuso de las fuerzas de seguridad, algunos de ellos gravísimos (los supuestos suicidios en las comisarías de San Luis, el fusilamiento de Luis Espinoza en Tucumán, el ataque a la comunidad qom en Chaco), el subdirector del diario oficialista echa la culpa a la herencia de los cuatro años de macrismo. Como sabemos, Macri, Bullrich y su banda han sido los responsables de la muerte de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel y los difusores de un discurso favorable al gatillo fácil mediante la “doctrina Chocobar”. Pero utilizar ese argumento para dejar al gobierno resguardo de estos crímenes y quitarle responsabilidad histórica al peronismo (además como si la violencia policial se hubiera originado con Macri) es un argumento tan cínico como barato.
Es de considerar el pensamiento burgués del autor, quien avala el hecho de que “la sociedad concede el monopolio a las fuerzas de seguridad”, lo cual “es un compromiso y una responsabilidad que debe ser controlada y limitada” porque “a las armas hay que saber llevarlas”. Efectivamente, los Estados llevan las armas y las usan porque son máquinas de guerra que dominan a los pueblos. La cuestión es que las formaciones estatales, en su decadencia cada vez más evidente, están incrementando el control autoritario y represivo como forma de hacer frente a la pandemia y, por ende, dejando al desnudo su verdadero carácter. En el caso de Argentina, visibilizando aún más los lazos de continuidad entre el régimen democrático pos-’83 y la dictadura militar genocida.
A propósito de memoria, el artículo de Bruschtein tiene además el objetivo de dejar al resguardo al peronismo, no solo al gobierno de Alberto Fernández sino al de los Kirchner y más allá aún. Si los macristas tuvieron la “doctrina Chocobar” en sus cuatro años de gobierno, los peronistas tienen la suya en los más de treinta años (y contando) que estuvieron al frente del Estado argentino: entrada libre a los nazis en la posguerra, palos para los trabajadores independientes y persecución a los agrupamientos antiburocráticos y los opositores de todo tipo y tenor, creación de las mafias sindicales patoteras, represión a los pueblos originarios, autoritarismo caudillista y militarista, verticalismo estatista, intentos de cooptación hacia el movimiento obrero, hacia las mujeres y hacia la juventud, la Triple A, indultos a los genocidas, desaparecidos/as en democracia, cobijo para la policía del gatillo fácil y las redes de trata, sociedad y amistad con los mafiosos gobernadores del interior y los barones del conurbano, Maxi y Darío, Fuentealba, Arruga…
El peronismo logró legitimar el sistema estatal a los ojos de los sectores populares en este país y fue quien más buscó, junto a los regímenes militares, poner orden en la sociedad recurriendo a los palos y a las balas cuando fue necesario, y cuando la iniciativa de los de abajo escapó a su control. 
Seguiremos reflexionando sobre el peronismo en este espacio y en otros. Pero es necesario decir la verdad y no aceptar las mentiras del gobierno y de los medios de comunicación afines, que así están encubriendo crímenes. Ahora, en el pasado y lo seguirán intentando en el futuro.

Ignacio Ríos