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Carrera vacunatoria: problemas globales, intereses particulares


Entre las multinacionales y empresas farmacéuticas existe una frenética competición para obtener la vacuna del Covid-19. Para ellas se trata de un negocio de proporciones enormes. Para nosotros, la esperanza de que llegue lo antes posible, considerando que la pandemia está en pleno desarrollo a escala mundial y que ya ha alcanzado –según las estimaciones oficiales– más de nueve millones de contagios y casi medio millón de víctimas.
Está entablada una competencia feroz también entre los Estados, sobre todo los más ricos, para concertar acuerdos con las empresas más reconocidas y así ser de los primeros en garantizarse –cada uno para sí, naturalmente– las suficientes dosis de vacuna. Podemos decir que el trumpiano “America first” vale para todos.
La pandemia –así como el calentamiento climático– es un problema global, de toda la humanidad. Para enfrentarlo es necesario actuar en cooperación y en colaboración recíproca, tal como eligen hacer las buenas personas, las de buenas intenciones, las sensatas, cuando se enfrentan a peligros comunes. Los Estados encarnan criterios opuestos: la defensa de intereses particulares contra los generales, los de las minorías contra las mayorías. Esto está demostrándose una vez más y de manera dramática. Son promotores de peligros y desastres para la humanidad, pero no solamente: también ponen de manifiesto su ineficacia y su obsolescencia frente a los crecientes problemas globales.


Piero Neri
27/06/20