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Ante la postergación del derecho al aborto: para el Estado nunca es el momento de la libertad femenina

El gobierno de Alberto Fernández atrasó la presentación de su misterioso proyecto sobre el aborto legal, que tenía fecha para septiembre. En Radio Nacional, declaró con relación a la ley que “postergamos el envío por la urgencia que hoy tenemos” en alusión al Covid-19.

Desvelemos las mentiras: la postergación del proyecto de legalización del aborto no es por la preocupación de la salud de la población. Si realmente le interesa el cuidado de las personas, lo primero que tendría que garantizar es la vida de las mujeres, que son las protagonistas cotidianas del mantenimiento y desarrollo de la vida, y no ponerlas en riesgo por abortos clandestinos. El verdadero objetivo de Alberto Fernández es mantener el control de la capacidad de generar de las mujeres, representando los históricos intereses de los Estados –laicos, democráticos o no– que, en alianza con las religiones, oprimen sistemáticamente la sexualidad de las mujeres. El presidente ejerce el poder negativo de todo patriarca de tener la “última palabra”, imponiendo contenidos y tiempos por motivos que, además, deberíamos agradecerle (!?).

La maniobra hipócrita democrática se pone en acción: solo bajo presión pueden llegar a otorgar pequeñas concesiones, mientras que sus propios intereses son impostergables, como la reforma judicial. Es que para el nuevo gobierno peronista, los derechos básicos por los que tantas mujeres nos manifestamos son solo moneda de cambio para la recaudación de votos.

Basta de ingenuidades. Decidir sobre nuestros cuerpos y vidas no puede estar sometido a cálculos de gobernabilidad. Una vez más queda demostrado que el camino de la delegación en las instituciones solo puede ser fuente de frustraciones. La libertad de las mujeres depende de las mujeres mismas, mantener la independencia de pensamiento y acción es innegociable. Nuestro protagonismo directo es el camino más creíble para encontrar la libertad que soñamos, sin delegaciones, tutelas, engañosos discursos, parches efímeros y falsas promesas, aquella libertad profunda que sí puede surgir de las propias mujeres.

 

Cecilia Buttazzoni