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Las expresiones de Soledad Acuña: un cóctel explosivo de odio, irresponsabilidad e ignorancia


Es uno de los grandes problemas de raíz, la formación y el perfil de quienes eligen estudiar, que eligen militar en lugar de hacer docencia. Quien nos da cátedra es la Ministra de Educación del Gobierno de la CABA, la militante política del PRO y antes de la Franja Morada/UCR Soledad Acuña, quien ni se sonroja al responsabilizar a los y las docentes por el desastre en el que desde hace 13 años viene subsumiendo su gobierno a la educación en la ciudad. 

Insiste esta funcionaria en exhibir su doble moral pestilente, que salta a la luz apenas echando un vistazo de su biografía. Es miembro del Grupo Sophia, una think tank creada por Rodríguez Larreta en 1994 financiada por corporaciones norteamericanas y destinada a captar y formar un tipo de profesional interesado en la cuestión pública pero que actúe desde la técnica, por “fuera de la política”. Tiene patas cortas la política de la antipolítica. Está más que probado el estrecho vínculo entre este tipo de ONG y las formaciones de centroderecha en América Latina, como el PRO. Muy lejos de ser “tanques de pensamiento”, se trata de agencias de adoctrinamiento y de formación de cuadros políticos en condiciones de competir con el relato de los gobiernos y proyectos caudillistas. La propuesta es clara: la sacrosanta formación docente implicaría renunciar a decir aquello que se piensa –y por lo tanto, a darse a conocer por quién se es– como premisa de enseñar a pensar. La raíz está en cómo enseñamos a enseñar, porque un docente que aprende bien sabe que lo que tiene que hacer es enseñar a pensar, no decirles a los chicos qué pensar.

¿Se puede enseñar a pensar ocultando el propio pensamiento? Sí y no. La burguesía se ha demostrado capaz de ocultar su pretensión de dominio absoluto sobre cada esfera de la existencia humana, y ha avanzado demasiado al respecto. Ha deshumanizado sus propias concepciones, haciéndolas pasar como fruto del “desarrollo objetivo de la historia”. Pero, como la propia ministra vuelve a demostrar con sus expresiones, la objetividad del conocimiento y la neutralidad de los valores son eufemismos finalizados al intento de impedir que pensar pueda significar liberar las mejores capacidades humanas. Que educar pueda rimar con reflexionar y con cambiar.   

La pretensión de imponer sus lógicas normativas y sofocantes requiere un control que debe llegar incluso hasta adentro de cada aula. Confirma cuál ha sido uno de los usos de las tecnologías ligeras aplicadas a la educación: el control y el disciplinamiento. La virtualidad nos permitió que las familias empiecen a mirar lo que pasaba con la educación de sus hijos. Acuña alienta la sospecha de las familias para que sean ellas quienes denuncien a los y las docentes. La única herramienta que hoy tenemos es la denuncia de las familias. Habilita la persecución para erradicar –como si se pudiera– la ideología, en especial si es de izquierdas. Si nosotros no tenemos denuncias concretas de las familias, es muy difícil que podamos intervenir. Estigmatiza a los y las docentes por su condición social y por cuestiones generacionales. El perfil de los estudiantes de la carrera docente va teniendo un sesgo cada vez más claro… Son personas cada vez más grandes de edad que eligen la docencia como tercera o cuarta opción luego de haber fracasado en otras carreras. Son los sectores más bajos socioeconómicos...”.

Como docentes inspirados en el humanismo socialista, queremos inscribir nuestra exigencia de renuncia de Soledad Acuña en una batalla que transciende ampliamente las miserias cada vez más grandes de una funcionaria: en una batalla de los valores contra los desvalores, por el conocimiento contra la ignorancia. En un contexto que está plagado de ignorancia, en primer lugar de ignorancia del otro, de los demás y en especial de los más humildes, es necesario luchar por la sinceridad contra la falsedad y las falsificaciones, típicamente burguesas, que se filtran en las prácticas de la gente común, disgregándola aún más. Se trata de buscar y elegir la lealtad más íntimamente, en el propio pensamiento y en la propia conciencia, enfrentando la deshonestidad intelectual, que lleva a los poderosos a contarse a sí mismos otra historia. Luchamos por la libertad positiva contra la libertad negativa de oprimir y de ofender y por el reconocimiento de la subjetividad compleja contra la frívola e infeliz teoría y práctica del individualismo y la meritocracia.

Mario Larroca