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Pateras caribeñas

 

Visto el desastre crónico de la vida en Venezuela, así como la descomposición y la violencia social, la mayoría de las personas que deciden emigrar (más de cinco millones los últimos años) lo hacen a pie, caminando grandes distancias si es necesario. Una porción cada vez mayor elige cruzar con precarias embarcaciones los pocos kilómetros de Mar Caribe que separan al país de la isla de Trinidad y Tobago. No todos lo logran: en diciembre una de estas embarcaciones naufragó y 28 personas perdieron la vida, apareciendo luego sus cuerpos en las costas del pueblo de Güiria (Venezuela). Los que consiguen llegar son detenidos por las autoridades trinitenses para su veloz deportación, bebés incluidos.
En muchas ocasiones hemos hablado de los seguidores del chavismo, dentro y fuera de Venezuela, que de forma canalla justifican la censura y la represión de la dictadura de Nicolás Maduro e ignoran o tratan de esconder el sufrimiento de la población. Estos hechos también indican la hipocresía de los Estados de la región, democracias incluidas, que critican al régimen de Maduro e incluso hablan de “crisis humanitaria” pero se resisten a prestar ayuda a las personas comunes. Es más: en parte son también responsables de muertes y sufrimientos a causa de sus fronteras cerradas y también por las sanciones económicas que perjudican más a los sectores populares que a los jerarcas del chavismo. Detrás de su retórica, una expresión más del desprecio de las democracias por las condiciones de vida de las mayorías y de la falta de credibilidad de sus principios.

Ignacio Ríos