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El 24 de marzo movilicémonos en defensa de la vida: independencia, solidaridad y cuidado para enfrentar la pandemia y la miseria a la que nos someten el gobierno y la oposición. ¡Basta de femicidios, racismo y represión!


Se acerca el 24 de marzo en un momento especial. Más que nunca los motivos históricos para movilizarse se conjugan con cuestiones actuales y podríamos resumirlos en una prioridad fundamental: es necesario comprometerse en primera persona en defensa de la vida, sin esperar nada de las instituciones.

La democracia, que supuestamente debía curar los males de la dictadura, se demuestra como otra forma de oprimir, engañar, violentar y explotar. Hoy, su ocaso es tan dramático como ridículo: políticos, funcionarios, empresarios y sindicalistas amigos del poder (algunos demo-progresistas) hacen a escondidas la cola del vacunatorio VIP sin sentir ningún pudor de que la vacuna contra el Covid-19 le haya llegado a menos del 1% de la población. Algunos de ellos, como Verbitsky, afirmaron no saber que hacían algo incorrecto. Tal vez es una demostración de que la política hace a quien la ejerce cada vez más impermeable a cualquier dilema ético. ¿Y hace falta aclarar lo hipócrita de la “indignación” de la oposición macrista, adalid de la lógica del privilegio?

Otro botón de muestra es el boicot a la marcha por parte de Madres de Plaza de Mayo, Abuelas, H.I.J.O.S. y los organismos de derechos humanos oficialistas. Aducen hipócritamente razones sanitarias para no marchar; pero es evidente que lo hacen para proteger al gobierno de posibles expresiones de descontento popular.

Lo que está en juego es poder afirmar la vida plenamente, con dignidad, desplegando los mejores recursos íntimos que disponemos (esos que radican en nuestro mundo interno) para unirnos enarbolando valores de bien y libertad conformados a través de la solidaridad y la empatía, el conocimiento, la reciprocidad y la cooperación. Y eso implica intentar unirse a las personas más voluntariosas para cultivar juntos la conciencia del bien posible mientras se intenta sacudir la de los más indiferentes. Consecuentemente, se trata de sustraerse y batallar contra la violencia y la prepotencia de ayer y de hoy, luchando contra los sectores más retrógrados que encuentran en Sergio Berni o Patricia Bullrich sus referentes en el pedido de “mano dura”, justo luego de un año muy marcado por los actos represivos. El bien y la libertad positivas no tienen ningún lugar dentro de las instituciones opresivas ni confiándose en la sociedad de extraños, sino en las intenciones de cada persona que se muestre disponible a vivirlas en común.

Este 24 de marzo queremos movilizarnos para dar vida a un espacio compartido entre quienes quieran ser protagonistas en primera persona, sin delegar. Un sector independiente, activo, combativo, alegre y responsable en defensa de la vida. Que apoye a las mujeres que luchan por su libertad contra la violencia; que estimule a las y los jóvenes a salir de la indiferencia y a mejorar su sociabilidad ligándola al cuidado; que defienda a los hermanos inmigrantes frente al racismo institucional y popular; que reivindique y aprenda del personal de salud más sensible y a quienes eligieron la solidaridad y se pusieron en primera línea a enfrentar la pandemia; que promueva un debate entre las y los docentes sobre la necesidad del contacto directo como premisa indispensable para la educación; donde se defienda la vida contra el terricidio en curso; donde puedan encontrarse los luchadores por los derechos humanos que estén expresando cansancio respecto de las trampas de la política. Un sector en el que puedan confluir otras organizaciones y grupos que, repudiando la herencia de la dictadura y reivindicando el “Nunca Más”, denuncien las continuidades en la democracia y sean independientes del Estado.

Te proponemos movilizarnos juntos para hacer valer el pensamiento, las ideas y las prácticas, el protagonismo de cada una/o. Para seguir dando juntos una batalla indispensable: la cotidiana para afirmar la vida. 

23 de febrero de 2021