✒ Griselda López
Encuentro para repensar un compromiso de izquierda: una posibilidad para todas y todos
El encuentro que realizamos el sábado 2 de noviembre –presentado por Mariana C. y Ana G.– me hizo pensar muchas cosas. Quisiera compartir algunas de ellas. Somos una especie compuesta por dos géneros. El femenino es el primero que crea la vida (sean las mujeres madres biológicas o no) y la recrea día a día en todo el mundo. Este encuentro abrió la reflexión sobre cómo las mejores características del género femenino pueden animar las elecciones de varones y mujeres que buscan una vida mejor juntos.
Una mirada sostenida, una escucha atenta, una mano dispuesta a ayudar son gestos que en general parten de mujeres. El patriarcado trastocó esa mayor predisposición al cuidado y a la búsqueda del bien para convertirlas en las cárceles mentales que aprisionan a tantas de nosotras. ¿Cómo rastrear nuestra fuerza más íntima después de años de una tutela que nos enseñó que lo que hacemos, lo que damos, lo que pensamos no es importante?
Más de 70 guerras muestran hoy la condición precaria de las mujeres. Ellas, las más ajenas a la lógica bélica, son las primeras víctimas, junto con las niñas y los niños, de la crueldad desatada en asesinatos, secuestros y violaciones. Lejos de las guerras, la condición de las mujeres no mejora. La tendencia al cuidado se vuelve renuncia abnegada, la búsqueda de un lugar en el mundo es obediencia debida de reglas opresivas y el sacrificio multiplicado resulta en ansiedad, insomnio, enfermedad. Tristes y agotadas, aun así las mujeres no abandonan el paciente tejido de las relaciones humanas y la transmisión de saberes. La perspectiva de la paridad ofrece un dulce que sabe a poco y el negacionismo de género, abrazado en los últimos años por el propio movimiento feminista, encarna un obstáculo aún mayor para vislumbrar el potencial femenino. El patriarcado resuena también en las actuales tragedias ecológicas. Mientras las mujeres históricamente vivieron atentas a la naturaleza al tiempo que la experimentaban en su propio cuerpo, en la sociedad de extraños de nuestros días se encumbra a las pantallas como la única conexión valiosa con el mundo.En la era anterior al patriarcado, es probable que las mujeres hayan sido guías de comunidades esencialmente pacíficas. En esa historia también residen las raíces más profundamente humanas. La búsqueda de entereza y de una lógica de colaboración que con más fuerza anidan en el corazón de las mujeres ¿no son invaluables en estos días? ¿No serían estas capacidades liberadas un recurso fundamental contra las guerras? La guía en femenino –no un matriarcado– requiere determinación, una conciencia clara en las mujeres y una firme decisión de escuchar, mirar profundamente y aprender de ellas por parte de los hombres dispuestos a ser mejores personas y deshacerse de sus privilegios para escribir una página mejor en la historia de todos y todas.
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Sobre el Segundo encuentro
Aspiramos a un compromiso por la vida y la libertad no contingente o superficial
Para defender la vida no esperamos nada bueno de la democracia, porque fue y es promotora de la violencia y de la corrupción difundida en la sociedad. Nuestra esperanza radica en las personas comunes, porque son sus principales artífices. Valoramos, en particular, a aquellas que –como nosotros– se baten por el bien común de diversas maneras y es con ellas que buscamos encontrarnos, unirnos y crecer. Encontrarnos (físicamente, no virtualmente) para poder debatir sobre el bien y la libertad que buscamos juntos, y no solo para coordinar la lucha contra la opresión. Unirnos para recrear nuevas nociones y experiencias de sociabilidad, de colaboración y cooperación. Crecer, es decir, cambiar, por ejemplo, encontrando ideas y caminos propios, bien distantes de los burgueses. A ellos los motiva una lógica bélica y explotadora, frente a la naturaleza y frente a las personas. Una lógica, también orgánica, de guerra y de corrupción que redunda en la difusión de la deshumanización y de la resignación.
Creemos que una propuesta de compromiso por la vida y la libertad, no contingente o superficial, debe aspirar a ser orgánica y permanente, con independencia teórica y de principios frente a los Estados y las patronales. Las sociedades estatales masificadas son irreformables, así como las instituciones que las sostienen. Lo que sí podemos empezar a cambiar, de manera inmediata, son los colectivos que construimos, de los cuales somos parte. Colectivos como embriones comunitarios, personas unidas por criterios de vida alternativos capaces de pensar y construir con otras comunidades relaciones de simpatía, cercanía y sinceridad para abordar las diferencias. Esto es posible si nos consideramos iniciadoras e iniciadores, precursores de un compromiso alternativo, y en parte ya lo somos, pero lo seremos mejor si somos capaces de suscitar el protagonismo radical y creativo de y junto con otras personas disponibles.
El próximo Encuentro será el 14 de octubre y se llamará “Unámonos por la pacificación contra las guerras”. Auguramos que sea una ocasión para seguir profundizando juntos/as.Cuestión de mirada
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