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“Algunos van a morir.
Lo siento, así es la vida”. Así, sin
filtros, el presidente de Brasil expresa su desprecio hacia millones de
personas en peligro frente al avance de la pandemia. Coherente en su accionar
–y al grito de “¡Brasil no para de trabajar!”– se dedicó a boicotear todas las
medidas de precaución tomadas en diversas ciudades, al punto de enfrentarse con
sus propios partidarios de gobierno. La única iniciativa que impulsó fue un
“Día nacional de rezo y ayuno para combatir el mal” del coronavirus, promovido
por las iglesias evangélicas que lo secundan. Denunciar la ansiedad burguesa de
acumulación que lo motiva es útil y verdadero, pero insuficiente. Su desprecio
por la vida –sobre todo por la de los más humildes– tiene un largo derrotero.
Basta recordar que se trata de la misma persona que defiende y promueve la
deforestación del Amazonas e incentiva la libertad de comercio de armas en uno
de los países con el índice más alto de homicidios. Insensible e ignorante como pocos, el neofascita Bolsonaro es y será el
principal responsable de los estragos que ya están sufriendo millones de
personas a causa de la pandemia.
A.G.
09-04-20