Ya van más de tres meses y Facundo
Castro sigue desaparecido. La semana pasada, uno de sus objetos personales fue
hallado en una comisaría de Teniente Oregone, desenmascarando las mentiras de
los policías y de Sergio Berni. Casi al mismo tiempo, se hizo pública la
denuncia oficial contra Pablo Noceti, mano derecha de Patricia Bullrich en la
gestión macrista, por su responsabilidad en la muerte de Santiago Maldonado.
¿Casualidad? Nos parece que, por parte del gobierno nacional, hay un intento
hipócrita de lavado de cara hacia dentro y hacia afuera. La política
democrática demuestra ser cada vez más inhumana, por empezar en relación a los
seres queridos de Santiago y de Facundo. Sergio Maldonado nada sabía del
anuncio los días previos y, entre tanta impunidad vivida en carne propia, es
muy cauteloso con respecto a este supuesto “avance”. Mientras tanto, Cristina
Castro (la mamá de Facundo) está denunciando las mentiras y la falta de
voluntad de Alberto Fernández, Kicillof y el Poder Judicial.
En estos meses de cuarentena, han habido 71 víctimas por violencia policial y “gatillo fácil”. Desde el retorno de la democracia se cuentan más de 4000 desaparecidos y centenares de asesinados por el aparato represivo. Es justo evaluar las diferencias entre los distintos gobiernos y los momentos particulares, así como entre la dictadura y la democracia. Pero sobre todo resaltan los rasgos permanentes de un Estado nacido (como todos) de la guerra y de la violencia, antitético a la vida y a su valoración. Por ende, impacta pero no debería sorprender que los inmorales gestores del poder opresivo estatal se atrevan a hacer política con sus víctimas.
I.R.