Sobre el juicio a Cristina Fernández. Frente a la democracia corrupta e inmoral: RESCATARNOS Y REACCIONAR

Que las vigilias en Recoleta y la repudiable represión policial, los fiscales que juegan al fútbol y las pujas entre los diferentes bloques políticos no oculten lo fundamental: la podredumbre moral que emerge del juicio en curso. No hay ninguna duda de que Cristina Fernández y los suyos robaron, y mucho. Es que la política democrática es corrupción, robo, mentira, mafia, negociado y aprovechamiento de la gestión del Estado, la que –de por sí– ya implica una expropiación del protagonismo de la gente. 

Ni siquiera los mismos kirchneristas o la propia CFK invierten tiempo en intentar demostrar que no hubo saqueo con la obra pública. Mientras tanto, las mayorías sufren la inflación, la precarización laboral y el ajuste que Massa –en nombre del gobierno de Alberto Fernández y de la propia Cristina– está poniendo en marcha. Emerge claramente la inmoralidad de la burguesía y de los partidos patronales, lo que incluye al peronismo: Cristina Fernández es uno de los personajes más poderosos del país, también por hacerse millonaria durante la gestión suya y la de Néstor Kirchner. Liberales y populistas, peronistas, macristas y radicales, viven del robo y la corrupción y además pretenden que la misma gente reproduzca sus desvalores. Campea en el sentido común de mucha gente lo siguiente: “robaron, sí, pero los otros son peores así que lo dejamos pasar”.

Hasta el PTS, uno de los partidos trotskistas que componen el FIT-Unidad, resbala en este relativismo moral y termina defendiendo a la vicepresidenta debido a la supuesta “persecución política antidemocrática” de la que sería objeto. Este evidente oportunismo se combina con una lógica cada vez más interna al régimen político democrático, lo que lo lleva a un posicionamiento que no hace cuentas con los valores en juego sino que responde a conveniencias político-electorales. El problema más importante (no visto ni por el PTS ni por las otras fuerzas del FIT que, con razón, se oponen a su postura) es que la democracia es corrupta por definición y es la que ya está persiguiendo y reprimiendo a las organizaciones sociales, sin que haga falta ningún fallo ejemplificador contra Cristina, y que hoy es más que nunca necesario comprometerse por valores alternativos.

Tomar distancia de la podredumbre moral de la burguesía es lo mínimo a lo que podríamos aspirar: se trata de afirmarse de manera independiente, por fuera y en contra de las instituciones decrépitas de la democracia y de quienes se aprovechan y viven a costa de la gente común. Buscar comprometerse batallando (hacia afuera y hacia adentro de nosotras/os mismas/os) por la sinceridad, la transparencia, la solidaridad, la justicia verdadera (es decir, no la institucional), la convivencia pacífica y la comprensión entre la gente de bien, aspectos constitutivos de una perspectiva de bien común entre las personas. A partir de la convicción de que no es posible transigir estos valores, puede comenzar un compromiso por un mejoramiento de la vida. Tantas personas comunes, humildes, que cotidianamente tienen gestos honrados y altruistas evidencian la necesidad de un pensamiento y una práctica de valores positivos de manera más profunda y continua, sobre todo por parte de las vanguardias de izquierda y de las personas que tienen la voluntad de cambiar para mejor. La defensa y proyección combativa de una perspectiva de este tipo, que requiere experimentación, tiempos y espacios independientes, puede representar un inicio de reacción frente a un contexto tan difícil como el actual, un germen de alternativa radical a las lógicas violentas y predatorias que animan a las clases políticas, los empresarios, los jueces y los fiscales de este sistema corrupto y corruptor.

27/08/22

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