Por Ana Gilly
Hace unos días, la editorial mexicana Almadía decidió cancelar la publicación de dos libros de Carolina Sanín debido a sus “cuestionamientos a la política identitaria”. La autora colombiana es conocida por sus ideas feministas radicales, en varias ocasiones defendió los derechos de las personas trans y también denunció los ataques del transfeminismo contra las mujeres. Luego de sufrir la censura del sello editorial, tuvo que soportar un escarnio virtual con mensajes violentos y amenazantes a través de las redes sociales.
“¿Por qué tanta ira?”, se interroga Sanín en un largo
descargo. “¿Será porque el transfeminismo permite que los hombres lo tengan
todo, incluso el poder de ser mujeres?”. Y sigue: “Debemos desconfiar de una
ideología que goza del aval de todos los poderes, tanto corporativos como estatales. No es casual que tenga éxito en una época de virtualización extrema
(…) en la cual se separa al ser humano de su realidad, de su naturaleza y, por
ende, de la naturaleza”.
Carolina Sanín recibió el apoyo de muchas personas del
ambiente artístico, por ejemplo, el de las escritoras argentinas Mariana Enríquez,
Claudia Piñeiro y Samanta Schweblin. Ellas también fueron objeto de ataques de
la nueva inquisición queer que las acusa de “transodiantes” por repudiar
la censura.
Expresamos nuestra solidaridad con Carolina Sanín: la
libertad de expresión es fundamental para buscar el bien común y enfrentar la
prepotencia patriarcal. Y defender la identidad femenina es un presupuesto
determinante para vivir una vida más libre para las mujeres contra toda
discriminación y por el bien de todos.
