✒ Comuna Socialista

Somos muchas y muchos los preocupados por las
elecciones primarias del 13 de agosto que arrojaron una victoria de la extrema derecha
de Javier Milei. Que tanta gente haya optado por sus propuestas habla de una fuerte
degradación social y del retroceso de la solidaridad, ni siquiera justificable
por la frustración de la población ante la crisis económica y el desbarranco de
un gobierno tras otro. En importantes sectores, incluyendo parte de la
juventud, no solamente hay inconsciencia o superficialidad, sino identificación
con las lógicas violentas y despreciables que vienen de arriba. Son altamente responsables
los gobiernos anteriores que no hicieron otra cosa que defraudar a millones de
personas, en especial el peronismo.
El violentismo de los opresores encuentra terreno
fértil para difundirse en las sociedades de extraños, donde empeoran sin pausa
las condiciones de existencia, no hay puntos de referencia culturales
positivos, las redes sociales y los medios de comunicación propagandizan mezquindad
y muchos perdieron interés por la suerte de las mayorías. De este “combo” se nutren
los Milei y las Bullrich, lo que a su vez incrementa la peligrosidad de la
decadente política democrática, cada vez más a la derecha.
Sería auspiciable que la izquierda trotskista, a
partir de su influencia sobre sectores populares, de trabajadores, mujeres y
jóvenes, encabezara y promoviera la construcción de ámbitos antirrepresivos y
antirracistas (comités, asambleas, comisiones, etc.), amplios y unitarios para
involucrar a las personas más sensibles que quieran comprometerse para dar una
pelea contra la derecha reaccionaria.
Se vienen tiempos complicados y hay que prepararse, en
primer lugar, identificando los recursos presentes en las mejores personas. Los
voluntariosos, es decir, las personas más sensibles y solidarias, pueden comenzar
a reaccionar liberándose de la ansiedad por dar respuestas de superficie, políticas
y coyunturales, activándose de manera profunda y radical, ya que lo que está en
juego afecta la dignidad humana. Los jóvenes pueden recuperar su rebeldía y
espíritu de agregación positiva, desafiando la aquiescencia hacia los poderosos
que pareciera reinar en el territorio de las conciencias dormidas. Las mujeres
pueden hacer valer su menor adhesión a las derechas más reaccionarias, como se
evidencia en las encuestas electorales, defendiendo su libertad y ampliando su
capacidad de cuidado y resistencia frente a los peligros de la violencia misógina
que encuentra nuevos adeptos entre machos frustrados. Las y los trabajadores pueden
hacer valer su dignidad, denunciando la explotación patronal y rescatando una
posible unión antiburocrática de los de abajo por mejores condiciones de vida. Las
personas que defienden los derechos humanos pueden ser protagonistas de una
memoria humana activa, emancipada de las apropiaciones institucionales, contra
todo tipo de represión, en defensa de la vida, de las libertades democráticas amenazadas
y de las organizaciones populares. Cualquier persona de buenos sentimientos
puede empezar a alzar la voz contra el racismo, las discriminaciones y el
terricidio en los ámbitos de su vida cotidiana, denunciando los terribles retrocesos
que en estos terrenos implica el avance de las derechas.
Las urnas en nada podrán mejorar la situación de raíz,
por eso creemos que la opción más coherente es impugnar el voto en las
elecciones de octubre. Pero, en caso de que quieras votar, hacelo de forma crítica
por la izquierda trotskista, que es la única que no está directamente
comprometida en la opresión.
Las posibilidades de
rescate más auténtico radican en la búsqueda consciente de ser más y mejores
humanos, y están íntimamente unidas a cómo podemos intentar ser una alternativa
radical en este contexto social tan sombrío, no ciertamente para transformar el
colectivo social masificado moldeado y corrompido sin remedio por los
opresores. Más bien para comprometernos en la construcción de agregaciones humanas
alternativas e independientes inspiradas en una lógica de comunión en donde
podamos experimentar y ensayar ideas y prácticas emancipatorias.
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