Voces y ejemplos de pacificación

 Por Camilo P.M.

Mientras las bombas caen sobre Gaza, el personal médico hace lo imposible para salvar vidas. En el patio del hospital Al Shifa, donde se refugian cincuenta mil gazatíes, chicas y chicos dibujan sus casas, unas flores, su bandera. Este es aún el corazón de la resistencia palestina: toda la vida cuidada y reinventada bajo las condiciones inhabitables impuestas por la ocupación sionista, que está por llegar a su punto máximo de crueldad.
Con el inicio de la invasión terrestre a la Franja, es más importante que nunca resaltar la urgencia de un alto al fuego inmediato y las historias de quienes vienen construyendo con mucho esfuerzo vías transitables para una pacificación desde abajo.
Apenas tres días antes de la atroz masacre de civiles a manos de Hamas y de la Yihad Islámica, miles de mujeres palestinas e israelíes se habían reunido en una manifestación convocada por las asociaciones Mujeres que Luchan por la Paz y Mujeres del Sol. Expresaban en su “Llamado de las madres”: “estamos unidas en el deseo humano de un futuro de paz, libertad, igualdad, derechos y seguridad para nuestros hijos y las próximas generaciones”. Algunas de sus integrantes fueron secuestradas o están desaparecidas. El trabajo coordinado de estas organizaciones continúa.
Dentro de la sociedad israelí hay quienes militan con valentía para resquebrajar el consenso del apartheid, el castigo colectivo, la expulsión o exterminio del pueblo palestino. Nos referimos a activistas que se interponen para defender a las comunidades de Cisjordania atacadas por los colonos; a las y los que buscan que la memoria de la Shoá contribuya a hacer cortocircuito en la maquinaria de destrucción ilimitada basada en la sed de venganza. Michael Sfard, abogado de presos palestinos en Jerusalén, recordaba en estos días que su abuela, sobreviviente del gueto de Varsovia, escribió que el mayor desafío al ser víctima de la inhumanidad era mantenerse humana.
Conviene saber que el terreno no está nivelado. Pacíficas y multitudinarias eran las citas palestinas de la Marcha del Retorno en 2018, y la respuesta fueron las balas de los francotiradores. Ahmed Abu Artema, uno de los que inspirara esas manifestaciones, quedó ahora herido después de un bombardeo que mató a parte de su familia. Días antes había dicho: “¿Cómo podemos detener esta masacre? Depende de todos nosotros, de ustedes tomar las calles, organizar grandes marchas y decir que creemos en la libertad y la dignidad para cada cual. Este es un momento histórico para que apoyen, no solo al pueblo palestino, sino a todos los pueblos del mundo. Si permitimos que esta injusticia ocurra acá, estemos seguros de que sucederá en otros lugares”. Lograr que la solidaridad internacional presione y restrinja la capacidad de daño de los Estados es indispensable para evitar una escalada regional, para que la gente común pueda re-conocerse y desplegar el compromiso por una convivencia interétnica e interreligiosa.
La paz no va a caer del cielo mañana como un hecho macizo. No va a ser acordada por aquellos cuyo negocio fundamental es la guerra. La paz, como potencialidad concreta, hunde sus raíces en el deseo profundo de muchísimas personas y en cada cruce de pacificación, que es ella misma una modalidad de resistencia y abre una brecha hacia un futuro vivible.

Publicado en Comuna Socialista 87