Claudio Olivieri
(con la colaboración de Karl Werner)

Hay algo nuevo en Alemania. Las manifestaciones
de estas semanas contra la extrema derecha de la Alternativa para Alemania (AfD)
se han extendido, dando vida a un verdadero y auténtico arranque antifascista popular.
La vista de las plazas llenas es de gran impacto, así como crece la alegría de
reencontrarse juntos, no en las redes sociales sino en persona.
La participación ha superado las previsiones: centenares
de miles en las grandes ciudades, pero tantos también en muchísimos centros más
pequeños, difundiéndose incluso en el este del país donde la extrema derecha
tiene mucho consenso.
“Firewall”: el intento es erigir un muro
cortafuegos contra la hipótesis de expulsión en masa de los inmigrantes y
contra las amenazas neofascistas de aumentar la represión. La consigna es también
un llamado a la memoria, si tiene como fondo el gran edificio del Reichstag,
incendiado por Hitler en 1933. La memoria es mantenida viva por las palabras de
las “abuelas contra las derechas” que se proponen como lazo de unión entre generaciones.
Y están realmente todas las edades en las plazas, mientras los jóvenes entran
positivamente en escena con sus bailes y la creatividad de los carteles. Muchos
provienen de las luchas ambientalistas de estos años, muchos voluntarios antirracistas
que dieron vida al frente Indivisibles (y reaflora el recuerdo de la
acogida a los refugiados de 2015). Marchan “de la mano”, coreando y ritmando estas
palabras con el gesto de alzar juntos los brazos para mostrar solidaridad y
amor, contra el odio y las divisiones. Hand in Hand es también el nombre
de la coordinadora de asociaciones y colectivos que ha organizado las
manifestaciones de Berlín.
Están en la marcha también los más amenazados por
los propósitos de la derecha: los inmigrantes, muchos de los cuales no habían entendido
hasta ahora la gravedad del peligro; o bien las y los protagonistas de
elecciones afectivas y sexuales diversas.
La iniciativa no partió de las fuerzas
históricas de la izquierda, en profunda crisis de credibilidad, y aunque la
reivindicación en general de la defensa de la democracia indica una
subvaloración del profundo compromiso de todos los partidos, los movimientos de
esta iniciativa de la gente común van más allá de los rituales de la política.
Y así, junto a una enfermera y a un obrero siderúrgico, a una empleada o a un
estudiante, se ven seguidores especiales: como la estrella de variedades Helene
Fischer, el entrenador del Friburgo, Christian Streich, o Uli Hoeness, quien en
el funeral de su compañero de equipo, el as del gran Bayern Franz Beckenbauer,
llamó a la gente a reaccionar contra la derecha y el racismo.
Publicado originalmente en La Comune 439