Editorial: Contra la derecha reaccionaria y liberticida, despertar nuestra mejor humanidad



 

Por el Comité de Redacción de Comuna Socialista

Pasado el impacto negativo por el triunfo de Milei, muchas personas, una minoría inquieta y considerable, se siguen interrogando y continúan buscando. Algunas se acercan a ámbitos de encuentro colectivo, como las nuevas –y en parte contradictorias– asambleas barriales, y otras, con inquietudes más íntimas sobre el presente-futuro de la vida propia y en común, no encuentran alternativa dentro de las instancias de vanguardia existentes.

Las previsiones se confirman. Estamos ante un gobierno reaccionario, liberticida, represor y locoide, y esto lo hace más dañino para la gente común, en especial para los más humildes. El pseudodebate en el Congreso de los últimos días deja en claro, en el plano local, una línea de tendencia de amplia escala: los poderosos solo son capaces de mostrar sus garras en distintos escenarios mundiales, insensibilidad ante el sufrimiento, hipocresía y cinismo. En fin, la lógica bélica es su modo de pensar y actuar. Las discusiones políticas o jurídicas, sea en tribunales internacionales o en oscuros palacetes legislativos nacionales, son una máscara ridículamente maquillada, como se explica en las páginas de este periódico.

Nunca fue mayor el desprecio por la vida humana de parte de los opresores –y su difusión entre los sectores más degradados de la sociedad–, lo que hace más peligrosa la cotidianidad de todos. Al mismo tiempo, este factor indica la inorganicidad y provisoriedad de la mayoría de las actuales hipótesis de dominio. Frente a esto, las organizaciones que en Argentina se dicen de izquierda son internas a las lógicas sistémicas en su corazón más negro e inmoral: el uso de la violencia y los ataques más patriarcales a las mujeres. No solo no se han posicionado contra el terrorismo de Hamas, sino que han seguido defendiéndolo, incluso luego de que salieran a la luz las violaciones a decenas de mujeres judías perpetradas durante el ataque criminal del 7 de octubre en las afueras de Gaza, que dejó a la ya martirizada población palestina expuesta una vez más a la peor invasión sionista.

Volviendo al plano nacional, semejante debacle moral puede llegar a alimentar procesos de rabia ciega de sectores de los de abajo que obstaculicen búsquedas de radicalización que apunten a ser más y mejores humanos. 

Pero, entonces, ¿dónde radican las posibilidades? ¿En que podemos salir a la calle cada día a oponernos a tal o cual ley, como propone cansinamente esta izquierda carente de pensamiento alternativo? ¿O en la posibilidad de reconocer los aspectos más profundamente humanos que animan a las personas a vivir, a ser felices? Nos referimos a la tenacidad femenina para proyectar el cuidado y el crecimiento de todos, empezando por los más pequeños. A las expresiones y gestos de altruismo, colaboración y solidaridad. A la satisfacción por la ayuda dada o recibida, por la obra colectiva en la que cada uno se enriquece donándose a los otros. Estos rasgos ocultos u olvidados, maltratados o negados, están en la base de posibles proyectos de emancipación, así como de agregados benéficos de resistencia al gobierno liberfacho.

Elegir posicionarse del lado de la propia humanidad e intentar rescatarla/se puede ser el motivo para buscar la unión de las personas que se sientan de izquierda en un frente único contra la derecha reaccionaria y liberticida en defensa de la vida, el bien común y la libertad.

Intentar, en un empeño teórico y práctico cotidiano, conocer las raíces humanas más profundas para orientarlas benéficamente, partiendo de la vida de cada una y cada uno, guiados por valores alternativos y siendo protagonistas de ámbitos que se construyen en una perspectiva de comunión, puede ser una motivación para elegir un compromiso más profundo y de más largo aliento inspirado en el humanismo socialista.

04/02/24