Atentado en Moscú: reafirmar el sentido de la común humanidad



 

Por Claudio Olivieri

El atentado terrorista del jueves 21 de marzo en Moscú fue uno de los más graves en Rusia en las últimas décadas. Este ataque, a cargo de un comando de hombres armados que dispararon sobre la multitud de jóvenes indefensos que asistían a un concierto, deja un balance trágico de cientos de muertos y heridos. Las imágenes evocan sentimientos que nos recuerdan al ataque terrorista al club Bataclan en París, al Museo Nacional del Bardo en Túnez y a las decenas de episodios similares en las que fueron asesinadas miles de personas inocentes.

Es una acción cínica y canallesca que brota en medio de un cuadro de perversión creciente de los conflictos bélicos, en particular de la guerra entre Rusia y Ucrania.

El atentado fue reivindicado por el ISIS-K, una rama del autoproclamado Estado Islámico. Sin embargo, Putin y los servicios secretos rusos acusan a los ucranianos de ser coresponsables o al menos cómplices. Del lado ucraniano, por su parte, se levantan sospechas sobre un complot del régimen ruso. Tampoco faltan acusaciones al terrorismo checheno y a otras formaciones paramilitares de zonas cercanas.

Este remolino de reivindicaciones, acusaciones recíprocas y sospechas, en el que lo verosímil se mezcla con la propaganda y las utilizaciones es, en sí mismo, un fruto envenenado de la mentira sistemática que implica la guerra. El ISIS, que recientemente atacó en Irán, reaparece, aunque sea tan solo con una reivindicación, dentro de este tablero del terror. Los nazi-yihadistas se aprovechan del clima del todos contra todos para reorganizarse y atacar en distintas áreas del planeta.

Putin apenas había terminado las elecciones, para las que se había sacado de encima a cualquier opositor, aunque evidenciando también que cuenta con cierto apoyo popular. En estos años, él fue responsable, además de la agresión a Ucrania, del apoyo a los peores regímenes criminales, realizando masacres espantosas desde Chechenia hasta Siria, y este atentado revela que no consigue mantener segura ni siquiera a la población rusa. Por otro lado, el militarismo belicista de Zelensky y de sus compadres occidentales no les resta corresponsabilidad de los escenarios terribles a los que estamos asistiendo.

La persistencia y exacerbación de las guerras, la corrupción y las conspiraciones de los Estados que las llevan a cabo, la proliferación de la tenebrosa semilla de la violencia que cosechan las bandas terroristas (tan a menudo con motivaciones y biografías sórdidas): todo esto se agravará después de este atentado.

Nadie puede sentirse lejano ni seguro en una situación que ataca la vida y el sentido de la humanidad. Reaccionar, reforzando el sentimiento de la común humanidad –una vez más herida por la lógica bélica criminal de los ejércitos y de las bandas armadas– quiere decir, ante todo, intensificar el compromiso contra las guerras y los monstruos terroristas que nadan en sus aguas, buscar la pacificación, llevar la solidaridad a todas las minorías valientes que tanto en Rusia como en Ucrania combaten la guerra.


Artículo publicado originalmente en La Comune (Italia) 442.