Después del 8-M: las esperanzas que provienen de las mujeres

 



Por Cecilia Buttazzoni


El último 8 de marzo, se llevaron adelante importantes y masivas movilizaciones en distintas ciudades de este país. Se trató de una contundente reacción de las mujeres contra el gobierno declaradamente misógino de Milei, que llevaba meses atacando y difamando sin freno al género femenino. 

Por esto, para muchas mujeres sensibles –entre ellas, nosotras–, esta manifestación fue una bocanada de aire, que levantó la elemental y profunda exigencia de respeto y dignidad femenina contra el liberfacho de Milei y compañía, que descaradamente llaman asesinas a quienes deciden abortar o niegan la violencia patriarcal en un país donde este drama es casi diario. Asimismo, en esta ocasión, fue importante la presencia juvenil, que desafió el temor que provoca la amenaza del protocolo antipiquetes de Bullrich, así como la prepotencia machista diseminada entre los varones de su propia generación. En definitiva, las esperanzas que despertó este 8M, no solo entre las mujeres –que ayudó también a dar impulso al 24 de marzo– tienen bases concretas en las decenas de miles que volvimos a encontrarnos en las calles, rompiendo la soledad y la desazón, para defender el derecho al aborto y rechazar la violencia machista. Estas son premisas fundamentales para que pueda liberarse la conciencia de las mujeres sobre su protagonismo en múltiples actividades ligadas al cuidado de la vida en su conjunto, protagonismo que pone en jaque a la miserable libertad individualista de oprimir y explotar que pregona el actual gobierno de ultraderecha. 

En líneas generales, hay momentos especiales, como este, en los que intuimos más nítidamente que la función primaria de las mujeres para la vida de todos es una gran posibilidad humana de la cual podemos partir para pensar el mejoramiento de nuestra existencia. Sin embargo, la condición precaria en la que se encuentran las mujeres bajo el patriarcado entorpece que podamos detenernos a reflexionar, mejorar y liberar más plenamente esta potencialidad. En este sentido, es un gran desafío hacer crecer y estimular una mayor conciencia de la fuerza benéfica que el género femenino posee y ofrece cada día para que pueda ser reconocida y afirmada por las propias protagonistas y pensada por los varones más atentos y sensibles como ocasión de aprendizaje y autosuperación profunda.