Editorial: Luego del 24 de marzo, defendamos la vida contra la violencia estatal y la voracidad patronal

 




Por el Comité de Redacción de Comuna Socialista


Lo que se expresó en las plazas y calles el último 24 de marzo fue una necesidad muy grande de encontrarse y de hacer frente en común a los duros meses en los que la gravedad del ajuste y la prepotencia del gobierno liberfacho se combinaron con la sensación de que las personas sensibles y voluntariosas estaban aisladas.

Nunca un gobierno democrático había llegado a tanto: negar los crímenes de la última dictadura el mismo día del aniversario del golpe. Se tocó así un nervio sensible de amplísimas porciones de la población de este país. El repudio a los milicos, la exigencia de memoria, verdad y justicia son aspectos identitarios, contenidos fundamentales de la radicalización de generaciones enteras y constitutivos de un entramado que todavía mantiene unidas a amplias franjas de una sociedad en disgregación. Atacar esto es acabar con el sentido positivo –si bien genérico– que adquiere para millones de personas pertenecer a una colectividad social más amplia: que las violaciones sistemáticas a los derechos humanos por parte del poder opresivo no tengan lugar.

Difícil calcular cuántos se movilizaron a nivel nacional. Seguro, centenares de miles. Fue una respuesta importante a un gobierno perverso, hambreador y sordo que dejó una bocanada de esperanza. Si bien participó prácticamente todo el arco de los partidos y sindicatos, no es esta la explicación de fondo de la masividad de la convocatoria, ya que hubo una tensión de la gente a ir más allá de las divisiones ideológico-políticas impuestas por el peronismo. Lamentablemente, la izquierda mayoritaria no quiso hacerse intérprete de esto y se aferró a las mezquindades del juego político. Hizo una segunda convocatoria en lugar de ir al encuentro de la exigencia de las personas de movilizarse unidas y en paz.

Dado el desinterés y desprecio por las personas comunes que expresa, este gobierno es incapaz de interpretar mínimamente el sentido más profundo de esa jornada. Pero sí es probable que la coalición que necesita para lograr imponer sus maliciosos objetivos de disciplinar a la sociedad al monopolismo salvaje de los mercados se resquebraje aún más. De lo que sí es consciente la banda de la motosierra es que por ahora cuenta con que la degradación moral y la complicidad de significativas capas de los sectores populares se están haciendo eco de sus discursos fascistoides. Como contrapartida ha reemergido la reserva moral de una otra y resiliente porción de la población que no cede al posible sonido de nuevos tambores militares.

En esa esperanza nos basamos los sectores más combativos para proponer un espacio común en la movilización. Poder Popular, Opinión Socialista, Colectivo Reagrupando, Resistencia Socialista, Corriente Política de Izquierda y nosotros, de Comuna Socialista, un puñado de pequeñas pero valientes organizaciones, nos hemos unido en la perspectiva de un posible Frente Único. Una experiencia para seguir desarrollando a partir de un intercambio sincero y fecundo de ideas y proyectos. Profundizarla entre quienes ya estamos empezando es fundamental, pero lo es también hacerlo con nuevos grupos y personas que se sientan de izquierda. La cohesión de las y los centenares que conformamos este sector en las calles el 24 se nutrió de la búsqueda de “defender la vida y su humanización, combatir el egoísmo, la miseria y la opresión”, como rezaba una de las canciones que coreamos juntos. Se trata de aspectos que deberían ser prioritarios para quienes buscan ser de izquierda de manera diferente, más humana. Una prioridad que para nosotros se desprende de los peligros a afrontar, de las potencialidades humanas a teorizar y practicar gracias a valores positivos que forjar y vivir individual, relacional y colectivamente. 

Como organización, Comuna Socialista está comprometida en el intento cotidiano de construir ámbitos solidarios y que aspiren a la comunión. Y esto es inseparable de contribuir a poner en pie un Frente Único por el bien común y la libertad compartida, para interceptar la pretensión de esta minoría liberticida de imponer condiciones de vida inhumanas y de abrir un período oscuro del que será nada sencillo retornar.