Por Barbara Spampinato
Las manifestaciones estudiantiles de solidaridad con Palestina
que están ocurriendo en muchos campus y universidades estadounidenses merecen
ser analizadas con atención y valoradas con cautela, aunque solo sea por el
caos que envuelve al país y las conciencias. Cautela que parece faltar a
algunos peces gordos de la prensa burguesa, que escriben que nos encontramos
ante un nuevo 68 o en cambio puntualizan que en las movilizaciones podrían
anidar manifestantes a sueldo de Soros¹.
La probabilidad que parece más creíble es que se trate de una señal de vitalidad juvenil contra la guerra y las complicidades estadounidenses en ella, cuyo significado y perspectivas pueden, no obstante, estar gravemente comprometidas por el clima general que reina, sobre todo en algunos campus, y por la presencia en las movilizaciones de sectores que tienen posiciones antisemitas y que llegan incluso a reivindicar a Hamas.
Después del 7 de octubre, en algunos campus elitistas hubo odiosas manifestaciones de antisemitismo por parte de estudiantes negativamente radicalizados (léase woke). Actos que hemos denunciado con fuerza y que han encontrado tristes epígonos en los representantes de algunos colectivos universitarios italianos que, abrogándose el derecho de hablar en nombre del pueblo palestino, durante el mes de marzo han quitado la palabra violentamente a periodistas de religión o de cultura judía².
Cuando las protestas estudiantiles se han encendido en los Estados Unidos, parte de la prensa las ha tachado inmediatamente de antisemitas. Lo mismo hace Donald Trump, que incluso ha osado declarar: “Charlottesville es algo insignificante en comparación a lo que ocurre en los campus”³. Tales generalizaciones (o falsedades en el caso de Trump) pueden apoyarse sobre el hecho de que, mientras que los manifestantes condenan con fuerza la guerra de Netanyahu, no hacen lo mismo respecto al terrorismo de Hamas, y ello deja espacio a sectores que expresan posiciones antisemitas. Parecen sectores reducidos, pero no por ello la cuestión es menos grave. Al día de hoy, “los estudiantes niegan haber tenido comportamientos o actos antisemitas y la policía no ha registrado episodios de violencia ni en Nueva York ni en ningún otro sitio”⁴; en cualquier caso la valoración y sobre todo el desarrollo de las movilizaciones no puede prescindir del modo en el que el conjunto de los estudiantes reaccionará a tales aberraciones, sean lo minoritarias que sean.
Es relevante y da esperanza el hecho de que parte de la comunidad judía es protagonista de las protestas, confirmando una capacidad de activismo y de posicionamiento ético que perdura desde el día siguiente al 7 de octubre. Es el caso de organizaciones como If Not Now y de Jewish Voice for Peace, que en un comunicado del 22 de abril declara su defensa de las movilizaciones y denuncia a los altos cargos académicos por las vejaciones que perpetran contra los estudiantes judíos que participan en ellas⁵.
Otro dato cierto es que la respuesta institucional a las movilizaciones estudiantiles es la represión: centenares de arrestos, gases lacrimógenos, cierre de las universidades y desalojo de las plazas en las que los estudiantes están acampados. Respecto a esto, Jewish Voice for Peace declara: “Esta represión es una distracción (…) tiene toda la intención de seguir confundiendo la organización antisionista y pacifista con el antisemitismo, pero no perderemos la concentración. El coraje de estos estudiantes frente a la violencia estatal y los ataques incesantes constituye un ejemplo para todos nosotros. Debemos permanecer todos igual de firmes en nuestras demandas de alto el fuego, de fin del genocidio y de un futuro de liberación para Palestina”⁶.
La probabilidad que parece más creíble es que se trate de una señal de vitalidad juvenil contra la guerra y las complicidades estadounidenses en ella, cuyo significado y perspectivas pueden, no obstante, estar gravemente comprometidas por el clima general que reina, sobre todo en algunos campus, y por la presencia en las movilizaciones de sectores que tienen posiciones antisemitas y que llegan incluso a reivindicar a Hamas.
Después del 7 de octubre, en algunos campus elitistas hubo odiosas manifestaciones de antisemitismo por parte de estudiantes negativamente radicalizados (léase woke). Actos que hemos denunciado con fuerza y que han encontrado tristes epígonos en los representantes de algunos colectivos universitarios italianos que, abrogándose el derecho de hablar en nombre del pueblo palestino, durante el mes de marzo han quitado la palabra violentamente a periodistas de religión o de cultura judía².
Cuando las protestas estudiantiles se han encendido en los Estados Unidos, parte de la prensa las ha tachado inmediatamente de antisemitas. Lo mismo hace Donald Trump, que incluso ha osado declarar: “Charlottesville es algo insignificante en comparación a lo que ocurre en los campus”³. Tales generalizaciones (o falsedades en el caso de Trump) pueden apoyarse sobre el hecho de que, mientras que los manifestantes condenan con fuerza la guerra de Netanyahu, no hacen lo mismo respecto al terrorismo de Hamas, y ello deja espacio a sectores que expresan posiciones antisemitas. Parecen sectores reducidos, pero no por ello la cuestión es menos grave. Al día de hoy, “los estudiantes niegan haber tenido comportamientos o actos antisemitas y la policía no ha registrado episodios de violencia ni en Nueva York ni en ningún otro sitio”⁴; en cualquier caso la valoración y sobre todo el desarrollo de las movilizaciones no puede prescindir del modo en el que el conjunto de los estudiantes reaccionará a tales aberraciones, sean lo minoritarias que sean.
Es relevante y da esperanza el hecho de que parte de la comunidad judía es protagonista de las protestas, confirmando una capacidad de activismo y de posicionamiento ético que perdura desde el día siguiente al 7 de octubre. Es el caso de organizaciones como If Not Now y de Jewish Voice for Peace, que en un comunicado del 22 de abril declara su defensa de las movilizaciones y denuncia a los altos cargos académicos por las vejaciones que perpetran contra los estudiantes judíos que participan en ellas⁵.
Otro dato cierto es que la respuesta institucional a las movilizaciones estudiantiles es la represión: centenares de arrestos, gases lacrimógenos, cierre de las universidades y desalojo de las plazas en las que los estudiantes están acampados. Respecto a esto, Jewish Voice for Peace declara: “Esta represión es una distracción (…) tiene toda la intención de seguir confundiendo la organización antisionista y pacifista con el antisemitismo, pero no perderemos la concentración. El coraje de estos estudiantes frente a la violencia estatal y los ataques incesantes constituye un ejemplo para todos nosotros. Debemos permanecer todos igual de firmes en nuestras demandas de alto el fuego, de fin del genocidio y de un futuro de liberación para Palestina”⁶.
27/04/2024
Publicado originalmente en La Comune (Italia) n. 444
¹Se trata, respectivamente, de Federico Rampini en el Corriere
della Sera, del 23 de abril, y de Antonio Di Bella el 26 de abril en L’Aria
che tira en La7.
²Durante el mes de marzo, se le ha impedido a Maurizio Molinari
hablar en la universidad Federico II de Nápoles y a David Parenzo en la
Sapienza de Roma.
³Citado en La Stampa, 26 de abril. En Charlottesville en
2017 un coche conducido por supremacistas blancos se lanzó contra una
manifestación antirracista. Heather Heyer, de 32 años, fue asesinada.
⁴Citado en Avvenire, 26 de abril.
⁵Statement on
Columbia University’s discriminatory and repressive treatment of Jewish
students. El comunicado entero se encuentra en
www.jewishvoiceforpeace.org.
⁶Why is this year different from all other years?, del 24
de abril, ibídem.