Sectores de la Iglesia contra Milei

 



Por Mariana Camps

La Iglesia católica argentina, a través de su Comisión Nacional de Justicia y Paz, alertó por el shock de ajuste del gobierno y el clima de altísima fractura social. Las diócesis de Merlo y de Quilmes se sumaron y las del sur del conurbano publicaron en vísperas del 24/3 una declaración elocuente: “Poner en duda las políticas de derechos humanos, negar a los desaparecidos y desaparecidas, erigir a condenados por delitos de lesa humanidad como patriotas, dar la espalda a las familias más pobres para satisfacer la avaricia de los ricos, destruir la industria nacional, proponer una economía entreguista se parece mucho a aquel nefasto ‘Proceso’ comenzado en 1976”. Días después, la diócesis de Catamarca advirtió que “en una economía humana y humanizadora, la primacía la tienen las personas y no los números”. 

Aun pudiendo compartir con el gobierno de Milei el rechazo al aborto, debido a la histórica misoginia por principio de esta institución, algunos representantes de la Iglesia católica comienzan a advertir que, según el evangelio, deberían ser las exigencias básicas de las personas, especialmente las más desvalidas y frágiles, y no el déficit-cero, “el principio organizador y ordenador de la economía y la sociedad”. La principal preocupación que expresan estos sectores es el avance de la disgregación de la sociedad. Se nota el peso del mensaje del papa Francisco y su encíclica Hermanos Todos en la búsqueda de “amistad social” para que “sea posible la fraternidad entre los habitantes (…)”. 

El fin de la sociedad estatal, fruto de una crisis histórica e irreversible de sus valores fundacionales, se pone hoy más que nunca en evidencia. La violencia desde arriba y desde abajo, el individualismo y la insensibilidad se propagan a niveles tales que ponen en riesgo los lazos comunitarios elementales que sostienen la vida social. Este derrape profundo, entrelazado al ataque de este gobierno a las condiciones de vida de las grandes mayorías, puede dar lugar a estallidos sociales negativos y descompuestos; no solo a la reactividad positiva de grupos de personas solidarias. A diferencia de los sectores políticos, la Iglesia identifica esta deriva peligrosa, acelerada por el gobierno reaccionario de Milei, y advierte cada vez con más insistencia sobre la necesidad de frenar esta dinámica apelando al amor por el prójimo que moviliza a muchísimos creyentes y buenas personas.