Por Cristina
Gabelloni
Hace 50
años, el 29 de mayo de 1974, una patota armada ingresó al local del PST
(Partido Socialista de los Trabajadores) de Pacheco, golpeando y secuestrando a
las y los compañeros allí reunidos. Horas más tarde, fueron asesinados tres
queridos militantes: Oscar Meza (delegado de Astilleros Astarsa), Mario Zidda
(presidente del Centro de Estudiantes de la Técnica 1 de Pacheco) y Antonio
Moses (integrante de la lista antiburocrática Marrón en metalúrgicos). Esa
misma noche, incendiaron locales del PST en Mar del Plata y en Córdoba. Así
actuaba la “Triple A” –Alianza Anticomunista Argentina, una banda paramilitar
promovida por Perón y su ministro López Rega desde fines de 1973– contra las
vanguardias del Cordobazo y del Rosariazo, las que habían herido de muerte a la
dictadura de Onganía e iniciado un movimiento sindical, independiente de la
patronal y de la burocracia, protagonizado también por estudiantes y sectores
populares, y que en la pueblada de Villa Constitución en 1974 tuvo un hito
importante.
A pesar de
nuestra actual lejanía teórica y programática con el PST, es una referencia
histórica preciosa para nosotras y nosotros ya que, entre otras cosas, nos dejó
numerosas lecciones, fruto de su especialidad en tanto vanguardia socialista e
internacionalista. En ese momento, era vital defender este protagonismo de los
trabajadores –atacado por el peronismo– como camino para el crecimiento de sus
conciencias, frente a las estrategias de sustitución de las tendencias
guerrilleras. Y, además, supo tener la lucidez y sensibilidad necesarias como
para comprender la fase en la que se vivía y llamar a la unidad para luchar
juntos contra las bandas fascistas. Esa fue la propuesta de Moreno al despedir
a los compañeros en el local central del PST, ante la presencia de más de 5 mil
trabajadores, estudiantes y representantes de organizaciones sindicales y de
izquierda.
