Por Julia
Haberfeld (de la Coordinación del
Círculo de Amigas Feministas)
A nueve
años del primer 3 de junio, que nos encontró en las calles defendiendo la vida
de las mujeres, ocurre quizás el peor femicidio de los últimos tiempos. Tres
mujeres asesinadas, y otra herida, por un hombre con el que no guardaban ningún
tipo de relación –más que de vecindad– quien, irritado por sus elecciones de
vida, sintió la impunidad de prender fuego sus cuerpos. Este es un salto atroz
en la violencia contra las mujeres y es momento de tomar conciencia del
contexto en el que nos encontramos: el patriarcado existe y hoy, envalentonado
con el gobierno antifemenino de Milei, nos muestra su cara más cruda.
Se trata
de un nuevo femicidio y es importante denunciarlo para develar su carácter
patriarcal que resulta, para muchas personas, cada vez más difícil de identificar.
Porque las conciencias se envenenan con los dichos de un gobierno que niega
abiertamente la existencia del patriarcado, afirmando, como alegó Milei, que
es una “ridícula y antinatural pelea” inventada por el socialismo. Por el
contrario, junto con distintas organizaciones feministas, LGBT y la asamblea
barrial de Barracas, nos manifestamos en una reacción importante, aunque no lo
suficientemente masiva por la envergadura del caso. Sin embargo, algunas
denuncias no terminaron de ayudar a clarificar: se centraron con justicia en
el hecho de que eran lesbianas, pero no mencionaron el carácter patriarcal intrínseco
que esto conlleva. El odio de Barrientos hacia cuatro mujeres lesbianas tiene
en su raíz la frustración que le provocaba que ellas eligieran libremente amar
y vivir por fuera de los parámetros patriarcales. Estamos frente a un horroroso
intento de disciplinar a las mujeres que se rebelan contra el orden masculino
impuesto, incluso con tintes fascistas.
Hoy la
solidaridad femenina contra la violencia patriarcal tiene que ser más fuerte
que nunca. Es momento de estar unidas, también con los hombres más sensibles
que deseen defender nuestra libertad. Construir solidaridad para que todas
podamos vivir libremente nuestras diferencias y terminar con las divisiones
mezquinas que solo nos separan y debilitan. Una solidaridad que puede ser más
benéfica si va de la mano de la independencia, y así poder denunciar sin
tapujos a abusadores poderosos como, por ejemplo, el intendente de La Matanza,
Espinoza, protegido por el peronismo. En definitiva, solidaridad para crear
ámbitos donde reflexionar juntas, conformando un tejido sólido para enfrentar
este recrudecimiento de la violencia machista.
Para vos,
¿por qué podría ser importante hoy la solidaridad entre mujeres? ¡Contactate
con los colectivos del CAF!
