Las razones humanistas socialistas de la pacificación

Con sus repercusiones en todo el mundo, la guerra infinita en Oriente Medio es la expresión extrema de la locu­ra de los opresores contra la gente común.

Los dos pueblos son las víctimas directas: el palestino y el judío. Pero todas las personas se resienten de sus repercusiones, empezando por quienes confían en una auténtica li­beración humana.

Es indispensable tener el sentido histórico de lo que está ocurriendo.

La enorme tragedia de los judíos tiene raíces lejanas y nunca ha sido resuelta por la creación del Estado de Israel, que representa de una manera distorsionada solo a una parte.

No es menos grave el sufrimiento de los palestinos, despojados desde hace décadas de su propia tierra, con decenas de miles de inocentes masa­crados, viviendo todos aterrorizados y constreñidos a llevar una existen­cia permanentemente incierta.

La llamada “comunidad inter­nacional”, es decir, los Estados más poderosos y sus ejércitos, que contienden entre sí y se reparten el dominio del planeta, no ha sabido ni querido encontrar una solución de convivencia libre y pacífica entre pueblos que tienen raíces comunes. Al contrario, lo que alimenta es su sometimiento, el odio y el enfren­tamiento.

El racismo y el antisemitismo han marcado la conducta feroz no solo del nazismo, sino, de diferente manera y desde sus orígenes, tam­bién la de los Estados Unidos y la del zarismo ruso, incluida la versión enmascarada del estalinismo.

La cuestión de la autodetermina­ción de los pueblos se ha revelado en general, como un enigma irre­soluble: en la práctica ha resultado ser una receta ampliamente insa­tisfactoria o, peor aún, una ilusión dramática que favorecía a amos y opresores, tal como ya había intui­do Rosa Luxemburg. Apoyar la au­todeterminación tiene sentido solo si está estrechamente vinculada a la superación revolucionaria y comu­nitaria del belicismo, del estatalismo y de la explotación.

La histórica búsqueda de una identidad colectiva propia para los pueblos judío y palestino ha sido de­vastada y deformada por las lógicas estatales y bélicas, vehiculizadas por dogmas religiosos cuyo objetivo es la opresión.

De esa manera, como respuesta a la diáspora y a la horrible perse­cución nazi-fascista, es que ha na­cido una interpretación judía de la teocracia, armada y expansionista, enmascarada por una democracia reaccionaria y que no tiene Consti­tución.

Por otro lado, el pueblo pales­tino, tradicionalmente laico en su mayoría, ha sido sometido y devas­tado de manera creciente por una de las peores versiones del islamis­mo, fruto venenoso a su vez de las terribles derrotas sufridas por las revoluciones de la gente común en Oriente Medio. Anteriormen­te (1978-1982), la revolución iraní contra el Sha fue traicionada y con­vertida en una dictadura integrista antipopular y feroz, que aún sigue en el poder. Después (2010-2011), las extraordinarias novedades de revoluciones humanas en pos de la afirmación de comunidades libres en Egipto y en Siria fueron ahogadas fe­rozmente en la sangre y el silencio, pero con la conformidad activa de la comunidad estatal internacional, con EEUU y Rusia a la cabeza.

De ese modo, lo que fue una pro­metedora corriente de los Hermanos Musulmanes degeneró rápidamente y dio vida a un grupo confesional, dogmático, de opresores reaccio­narios en todos los aspectos, como es Hamas, que se ha apropiado del poder desautorizando a las antiguas direcciones y sometiendo amenaza­doramente a la martirizada pobla­ción palestina.

Este drama infinito, que con­cierne a dos pueblos, nos refuerza a la hora de perseguir la lógica de la pacificación y la cooperación en­tre la gente común, como el camino largo pero más creíble para la libe­ración de conjunto, en una lógica de comunión humana, contra todo tipo de opresión. Esta es una lógica para la que no existen atajos; una lógica que no debe sufrir los engaños de la política decadente y que, respe­tando cada credo, no puede, sin embargo, tolerar jerarquías terres­tres ni celestiales. Algún pequeño ejemplo valioso nos llega de esas comunidades judío-palestinas que han nacido.

Nuestro compromiso revolucio­nario, humanista y socialista, com­porta la búsqueda de la pacificación y requiere la defensa del pueblo palestino contra los opresores in­ternos y externos, así como la del pueblo judío contra el gobierno is­raelí y sus defensores imperialistas. Con esta convicción es que lleva­mos a cabo nuestra obra de solida­ridad y de posicionamiento activo al lado de nuestra mejor gente, em­pezando por las hermanas y herma­nos inmigrantes, también en este país, para reforzar una iniciativa internacionalista, antiimperialista y antiestatalista coherente, dentro de una perspectiva autoemancipadora de los pueblos, haciendo frente a un gobierno cómplice de la trage­dia de Oriente Medio y a las mistifi­caciones declaradas de la derecha o camufladas por parte de las izquier­das de poca monta.

Editorial La Comune (Italia)

25 de mayo de 2024