Claudio Olivieri
Rosa Luxemburg pensaba en la revolución como una expresión creativa y una posibilidad de regeneración de la humanidad oprimida y explotada y así, intensamente, la vivía. Por otro lado, tenía una concepción influenciada por el determinismo, e incluso demasiado optimista.
Fue partícipe entusiasta de la primera experiencia revolucionaria del siglo xx, el 1905 ruso, aunque arriesgando la vida; de hecho, la consideró un giro histórico no solo contra el perverso régimen zarista, sino para toda Europa. En 1917, desde la cárcel, saludó el comienzo de la primavera revolucionaria rusa como un soplo de aire fresco contra la fétida atmósfera de muerte de la guerra mundial, a la cual habían contribuido también dirigentes socialistas corruptos. Un año después, se volcó con todas sus fuerzas en la revolución alemana con la esperanza de hacer madurar perspectivas mejores para la autoemancipación socialista. Es verdad, esta posibilidad estaba viciada de partida por precondiciones equivocadas, pero la memoria de esos mensajes de libertad sigue siendo preciosa. Por lo demás, Rosa Luxemburg nunca fue acrítica con las revoluciones, al contrario, más bien las consideraba aproximaciones llenas de defectos y a veces destinadas a una derrota segura. Advirtió muchas veces a los bolcheviques para que se dispusiesen a perder el poder si con esto defendían una postura moralmente digna en lugar de cometer acciones equivocadas. Entendió, contrariamente a ellos, que de la guerra no iba a nacer una revolución con un alto nivel de conciencia. Rosa, demasiado condicionada por el juicio problemático de Marx, no valoró suficientemente la Comuna de París, pero rechazó todo insurreccionalismo exaltando el valor de los Consejos y apoyando la afirmación desde abajo y extendida de su poder.
Después de la Segunda Guerra Mundial, con el nacimiento de un nuevo sistema de opresión mundial, democrático, y más en la época de la actual decadencia, es irrealizable una revolución socialista (1). La revolución hoy ha cambiado: sin embargo, ¡qué diálogos fascinantes podríamos imaginar entre Rosa y las vanguardias de la Comuna de Kronstadt o bien con los protagonistas de las colectivizaciones de la España de 1936 y, no por último, con los jóvenes que animaron las revoluciones de Plaza Tahrir y de Siria en 2011!
(1) Ver Dario Renzi “Hacia la Comuna Humanista Socialista” en Humanismo Socialista 1, enero de 2015, en particular parte V, “Posibles destinos de las revoluciones y del socialismo”.
Publicado originalmente en La Comune (Italia) n. 422
