Sobre el acuerdo entre la UBA y el gobierno: afirmar nuestra independencia

Por Candela Abrodós

A poco más de tres semanas desde aquella expresión ma­siva de personas que colma­ron las calles en defensa del derecho elemental a la educación para todas y todos, el Rectorado de la UBA deci­dió ignorar estas exigencias y acordar con el gobierno un aumento misera­ble e insuficiente para los gastos de funcionamiento de la universidad. Arreglo que deja por fuera el aumento de los salarios docentes y la recompo­sición de las partidas presupuestarias para ciencia y tecnología, pero que la gestión radical de Gelpi-Yacobitti considera suficiente para dar por sus­pendida “la emergencia universitaria” iniciada el 10 de abril. Todo esto en nuestro nombre y a cambio del apoyo del jefe de bloque radical Lousteau a la Ley Bases en el Senado, que implica un brutal ataque a las condiciones de vida y de trabajo de la gente. Este ver­gonzoso acuerdo avala la continuidad del deterioro del estado paupérrimo de las universidades y de los salarios de sus docentes y no docentes, pero fundamentalmente busca debilitar la fuerza de aquella unión expresada en la marcha educativa del 23 de abril. Unión no sin contradicciones y desa­fíos, pero que, como me expresaron en un intercambio algunos de sus jóvenes protagonistas, tenía como intención abrazar solidariamente el reclamo por la mejora del presupuesto de todas y cada una de las universidades, un espíritu opuesto al de las maniobras burocráticas de la gestión radical del rectorado de la UBA, que usó nuestro protagonismo para sus fines políti­cos. No confiamos en las autoridades ni en los gobernadores de turno para solucionar el problema. Como han demostrado en varias oportunidades, los gobernadores provinciales, sean oficialistas, macristas o peronistas, no tienen problema en reprimir las movi­lizaciones docentes en reclamo de au­mentos salariales, como en Misiones, y usan a la educación como moneda de cambio para sus negociados.
¿Puede ser, entonces, un buen punto de partida para continuar esta lucha reconocernos contrapuestos a sus fines y unirnos de manera independiente contra la instrumentalidad y las especulaciones políticas? ¿Podemos empezar a dialogar e interrogarnos con nuestros compañeros de estudio/trabajo sobre los motivos que nos impulsaron aquel 23 y seguir proyectándolos juntos en pos de un mayor protagonismo en la lucha? Hacernos estas preguntas puede alimentar una reflexión que vuelva a encender el espíritu de unidad y de encuentro, fortaleciendo la confianza en nosotros y no en las burocracias universitarias, para seguir defendiendo nuestra dignidad y el derecho de todas/os a la educación.