Estados Unidos: suprema decadencia moral

✒ Facundo Esteban

El expresidente y candi­dato Donald Trump ha sido declarado cul­pable por desviar fondos de su anterior campaña electoral para intentar evitar la difusión de una de sus relaciones ex­tramatrimoniales. Es solo la menor de las causas judiciales que enfrenta: sustracción de información gubernamental reservada; intento de fraude en las últimas elecciones e in­citación al asalto al Congreso de los Estados Unidos. A eso debemos agregar las múltiples acusaciones por agresión se­xual y violación que han obte­nido indulgencia de la Justicia o acuerdos extrajudiciales re­servados en los últimos años.

Es sintomático que el principal candidato a “líder del mundo libre” sea declara­do un criminal por la Justicia en el país con la mayor pro­porción carcelaria del mun­do, que además cuenta con restricciones severas tanto para los condenados como para los exconvictos.

Más grave aún resulta que gran parte del electorado se posicione a favor de Trump. En el ocaso irreversible de su dominio, se están acentuando algunos de los desvalores que la democracia norteamerica­na, sin enunciarlos, ha pro­movido desde su origen. Bajo el discurso de la libertad, flo­recieron el patriarcado y la esclavitud. Detrás de la decla­rada igualdad ante la justicia, se abrieron camino la violencia, el segregacionismo y la criminali­zación de los contestatarios del régimen. Gracias a los mitos del “sueño americano” y del “hombre hecho a sí mismo”, se promovieron la codicia y el egoísmo. En nombre de la de­mocracia, se tejieron asesina­tos, guerras y golpes de Estado en terceros países.

La implosión norteameri­cana no solo se explica por la crisis de los mecanismos de­mocráticos o su declive como potencia económica, sino también por una decadencia moral y cultural que atraviesa a la propia sociedad. Es así que el candidato del partido repu­blicano espolea sin reparos el machismo, el egoísmo, la violencia, el racismo, la xeno­fobia, la conspiranoia, la into­lerancia religiosa. Elementos que son indudablemente referencias identitarias para sectores de la sociedad que vinculan esos desvalores con un pasado idealizado, refren­dados en el eslogan “Hacer grande a EEUU de nuevo”.

Por su parte, algunos de los sectores opuestos a Trump se ven encerrados en ideas ciertamente especulares y dañinas, como el racialismo, la cultura de la cancelación o la seudoteoría queer. El can­didato del partido demócra­ta a la reelección Joe Biden simboliza el prototipo del político mediocre que regur­gita las recetas dictadas por la última encuesta de opinión, mientras endurece las políti­cas migratorias, reprime las manifestaciones en contra de la masacre de Israel en Gaza e intenta congraciarse con los multimillonarios para que aporten a su campaña.

La posibilidad de derro­tar a Trump y sus partida­rios excede el simple marco electoral. Una visión alterna­tiva puede comenzar por el ejemplo de los grupos que se oponen a la venta de armas o los miles de inmigrantes que se movilizan en busca de una vida mejor, tal como en su momento hizo la gran mayo­ría de los antepasados de los estadounidenses actuales.