Comité de Redacción
La actual es una fase difícil y
compleja. Tanto por el hostigamiento a las organizaciones populares, sociales
y de izquierda como, especialmente, por la represión en el Congreso durante el
tratamiento de la Ley Bases, está claro que estamos ante un salto de calidad
en el accionar represivo del gobierno. La derecha reaccionaria en el poder no
toleró que la gente se siguiera manifestando y lanzó a sus infiltrados
quemacoches y a sus fuerzas represivas.
El trato a los detenidos fue
brutal. Tomemos el ejemplo de María Paz, una de las tantas personas encarceladas
aquel 12 de junio. Pasó por Congreso para saludar a sus compañeros de ATE y,
al volver a su casa, le surgió recriminar a un grupo de policías por la
represión. Rápidamente, la tiraron al piso, la sofocaron y la tiraron dentro
de un camión policial, donde la pasearon esposada toda la noche sin agua ni
comida. Luego de la declaración, terminó recalando en el penal de mujeres de
Ezeiza.
Estos son, según Milei, Bullrich
y la manada de liberfachos, los “terroristas” que intentaron perpetrar un
“golpe de Estado” ese día, “sedición” que, como dijo el fiscal, comenzó debajo
de las banderas, en referencia a las organizaciones de izquierda, sociales y
sindicales presentes. Es muy grave.
El sistema democrático está tan
en decadencia que genera monstruos como Milei que después ponen en entredicho
los más elementales derechos humanos. Lamentablemente, sabe que cuenta con el
apoyo de ciertos sectores de la población cómplices, degradados moralmente y
que se hacen eco de sus discursos.
Debemos esforzarnos por
comprender lo que implica el “plan de Milei”. Además de implementar férreas
políticas neoliberales y un ajuste brutal (a propósito, casi el 60% de la
población ya cayó en la pobreza), el gobierno pretende disciplinar a la
sociedad en disgregación y convertirla en una masa amorfa, insensible y
atomizada. En un conjunto de individuos aislados, despreocupados de los demás,
ajenos a toda forma de solidaridad y que van y vienen del trabajo sin chistar,
a pedir de boca del Estado que domina y somete y de los ricos que siguen
acumulando.
Justamente, se trata de defender
la vida y la libertad. La libertad es un valor fundamental que tiene que estar
asociado al bien común y, al mismo tiempo, es una condición necesaria para la
búsqueda del mismo. Desde este punto de vista, la libertad puede significar
vivir plenamente la integridad humana, estar en condiciones de hacer crecer
nuestra conciencia y buscar nuevos horizontes culturales, poder afirmar
nuestra personalidad, elegir nuestras relaciones y construir colectivos y
agregados humanos donde nos sintamos protagonistas y en donde la libertad del
otro refuerce la de uno.
También nos referimos a los
márgenes de libertad arrancados a los poderes opresivos y conquistados con
mucho esfuerzo por nuestra gente, como hicieron los y las defensoras de los
derechos humanos que terminaron de tirar abajo la dictadura genocida a inicios
de los 80, o bien las mujeres en 2015 contra los femicidios y, posteriormente,
por el derecho al aborto. Como las luchas históricas que derivaron en la obtención
de derechos laborales y de una educación y una salud gratuitas y para todas/os.
O las vitales libertades de expresión, manifestación y organización que hoy
están en riesgo.
Hay que defender esos márgenes y
ámbitos de libertad, porque Milei y los suyos quieren borrarlos: por eso es un
gobierno liberticida, además de reaccionario. Las únicas libertades que
toleran son la libertad de explotar, de agredir a las mujeres, de discriminar,
de sacarse de encima a los otros en la “carrera al éxito”, intentando destruir
la colaboración y la cooperación entre las personas.
Hoy en día, las organizaciones de izquierda podemos ponernos en condiciones de entender la situación y reaccionar en consecuencia. No podemos ser ingenuos, no basta con coordinar las luchas que hay, sería directamente peligroso adaptarnos al enfoque violentista de confrontación sin comprender lo que está en juego.
Desde el comienzo de este gobierno de Milei, desde Comuna Socialista estamos buscando poner en pie un Frente Único contra la derecha y en defensa de la vida. Lo hacemos con todas las correcciones y precisiones necesarias a lo largo del camino y ya contamos con organizaciones aliadas o simpatizantes en este intento, que es en total respeto de las diferencias. Un Frente Único en defensa de las libertades democráticas, no porque seamos defensores de la democracia sistémica, sino porque las interpretamos como aspectos esenciales y vitales, urgentes al día de hoy. Batallar juntos por la defensa de estas libertades –la tuya, la mía, la nuestra– puede dar pie a ámbitos más amplios de rescate y fortalecer puntos de referencia y alternativas de izquierda a la aberrante derecha reaccionaria y liberticida.
Hoy en día, las organizaciones de izquierda podemos ponernos en condiciones de entender la situación y reaccionar en consecuencia. No podemos ser ingenuos, no basta con coordinar las luchas que hay, sería directamente peligroso adaptarnos al enfoque violentista de confrontación sin comprender lo que está en juego.
Desde el comienzo de este gobierno de Milei, desde Comuna Socialista estamos buscando poner en pie un Frente Único contra la derecha y en defensa de la vida. Lo hacemos con todas las correcciones y precisiones necesarias a lo largo del camino y ya contamos con organizaciones aliadas o simpatizantes en este intento, que es en total respeto de las diferencias. Un Frente Único en defensa de las libertades democráticas, no porque seamos defensores de la democracia sistémica, sino porque las interpretamos como aspectos esenciales y vitales, urgentes al día de hoy. Batallar juntos por la defensa de estas libertades –la tuya, la mía, la nuestra– puede dar pie a ámbitos más amplios de rescate y fortalecer puntos de referencia y alternativas de izquierda a la aberrante derecha reaccionaria y liberticida.