✒ Ana Gilly
La ley Bases es una expresión del
espíritu predador de los burgueses en decadencia y de su incapacidad de ofrecer
un mínimo de perspectiva de vida en común. ¿Qué visión de presente y futuro
creíble hay si se decide entregar a voraces multimillonarios el agua, la
energía y los bosques, como permitirá el RIGI? ¿Qué seriedad tiene un proyecto
de sociedad en la que su inmensa mayoría queda desamparada ante el frenesí
explotador de las patronales gracias a la reforma laboral impuesta? ¿Qué
previsión saludable contempla que las mujeres sean obligadas a trabajar hasta
10 días antes de un parto o hasta avanzada la vejez, empeorando así también la
condición de los/as niños/as? ¿Y el abandono a su suerte de las/os ancianas/os
de hoy y de mañana? ¿Qué buscan transmitir premiando a los ricos evasores con
el blanqueo de capitales y, al mismo tiempo, castigando a quienes luchan por
mejores condiciones de vida con las nuevas causales de despido? La
irracionalidad y la voracidad se han hecho ley.
Una confluencia peligrosa y
contingente
Que Milei haya tardado más de
seis meses en aprobar su primera propuesta era ya un síntoma del desconcierto
que reina entre él y las fuerzas opositoras. Porque, por lo menos desde la
apertura democrática hasta hoy, nunca un gobierno había tenido tanta dificultad
en hacerlo. Si algún despistado pensó que el acuerdo no llegaba porque había
legisladores defendiendo los intereses populares, seguramente habrá quedado
desilusionado (una vez más) porque solo estaban empeñados en sacar su propia
ventaja política.
Ahora, la avanzada reaccionaria y
liberticida puede tener fuerza de ley. Esto es un cambio importante porque
representa un apoyo explícito al gobierno por parte de la mayoría de la clase
política, y libera el terreno para que avance con las canalladas que se
proponga. Al apoyo del PRO se sumó la UCR casi en su totalidad. El peronismo
votó por la negativa muchos artículos (no todos), pero fue gracias al quorum
que otorgaron sus legisladores que la ley pudo tratarse en el recinto.
Esta peligrosa confluencia representa un ataque frontal a las mayorías
populares, porque las condiciones de vida empeorarán aún más.
Pero, con todo, la sanción de la
ley no refleja una mayor organicidad y capacidad de gobernar por parte de Milei
y de sus secuaces. Porque el acuerdo con la oposición política es muy frágil
–la ley se aprobó por un voto de diferencia–, pero, sobre todo, porque hay
muchas personas comunes que están (estamos) dispuestas a defenderse y
reaccionar, como las que se manifestaron el mismo día del tratamiento
legislativo.
Aquel día, la represión fue feroz. Es que detrás de la política siempre estuvieron las armas. Pero con este gobierno de liberfachos, las armas –o la amenaza permanente de su presencia– parecen tomar la delantera.