Las madres buscadoras

✒ Cecilia Buttazzoni

En diversas localidades mexica­nas, se crearon más de doscien­tas organizaciones y colectivos de mujeres que se comprometen en la búsqueda de personas. Un empeño pe­ligroso e imprescindible en un país que registra más de 110 mil desapariciones forzadas, con una denuncia por hora en los últimos dos años. La inmensa mayoría de los casos (el 97%) se pro­dujeron luego de 2007 cuando el go­bierno –del entonces presidente Felipe Calderón– declaró la “guerra contra el narcotráfico”, desatando en las ca­lles una incontrolable violencia entre los militares y las bandas de narcos. El desprecio por la vida de ambos bandos explica en gran medida –pero no solo, también están las redes de prostitución y trata– la desaparición de tantas perso­nas, así como la complicidad del Estado sobre el tema.

Contra esta horrorosa situación, las mujeres se levantan para defender la verdad y la justicia por sus seres queridos. Muchísimas son las que es­tán atravesadas por este drama, que han transformado la celebración del día de las madres en un día de lucha hace más de una década. Por ejem­plo, el último 10 de mayo se con­vocó a la “Marcha por la Dignidad Nacional”, en la que se denunció la mentira que escondía el listado de “aparecidos” que dio a conocer López Obrador luego de haber ido “casa por casa”. De este modo, el go­bierno en retirada intentaba limpiar su imagen, como también mandar a sus propios hogares a las madres bus­cadoras. Sin embargo, las distintas organizaciones develaron que estas personas no fueron encontradas y que el gobierno desapareció a sus fa­miliares por segunda vez, en este caso de los registros nacionales.

Pero el coraje de estas mujeres no se quebranta con estas difamaciones, tam­poco logran detenerlas las amenazas más serias y peligrosas. Ellas continúan investigando y hallando fosas clandes­tinas; compartiendo las experiencias de sus excavaciones en distintos terrenos geográficos que, poco a poco, las con­vierten en antropólogas forenses, hasta inventando sus propias herramientas para cavar sin destruir huesos. Son simples madres en las que podemos reconocer la capacidad femenina de no dejarse aplastar por la tragedia y salir adelante. Mujeres comunes que, por amor a la vida y sus hijos y familiares, nos enseñan que la fuerza de la defensa de la vida, la verdad y la justicia es más poderosa frente a las peores mafias ar­madas.