✒ Ignacio Ríos
Las elecciones siempre son un
reflejo distorsionado de la realidad, pero reflejo al fin. Las victorias de
Milei o, en su momento, de Bolsonaro manifiestan un proceso de profunda
disgregación y crisis de valores en las sociedades latinoamericanas. ¿Qué se
puede decir entonces de México, donde –en un contexto general de crecimiento de
la derecha– el 2 de junio ganó con el 60% de los votos una coalición de centroizquierda
con una candidata mujer y progresista como Claudia Sheinbaum?
El gobierno saliente de Andrés
Manuel López Obrador (AMLO) cosechó popularidad, pero también generó muchas
razones para el descontento incluso entre la gente de izquierda. Solo por nombrar
algo: se desempeñó como gendarme de la frontera norteamericana al detener a
cientos de miles de inmigrantes y apiñarlos al norte del país, haciendo el
trabajo sucio de los Estados Unidos.
Pensando en el conjunto de la
población –parcialmente beneficiada por el aumento del salario mínimo–, el
desgaste natural del oficialismo luego de seis años en el poder no devino en un
giro hacia la derecha del espectro político. Y esto a pesar de que los partidos
tradicionales (PRI, PAN, PRD) dieron vida a una alianza electoral que incluso
optó por la fuerte jugada de poner al frente a una mujer de orígenes indígenas
como Xóchitl Gálvez.
AMLO es el típico caudillo populista
en un país de caudillos populistas. Sheinbaum proviene de la misma tendencia
política, pero con algunas diferencias, como se pudo ver durante la pandemia
cuando, en tanto alcaldesa de la Ciudad de México, resaltó positivamente
frente a un López Obrador que hasta rechazaba usar barbijo en el quinto país
con más muertes por Covid. También parece ser más sensible ante la crucial
cuestión ambiental y no es menor el significado de que una mujer haya llegado
a la presidencia en un país tan patriarcal como México. Justamente, el
movimiento de mujeres fue uno de los actores más activos y combativos contra
AMLO y así es como se conquistó el derecho al aborto. Por otro lado, a pesar de
que la violencia narco continúa azotando al país con la complicidad de las
instituciones, la mayor parte de la población optó por no ceder a las
propuestas aún más militaristas de la oposición de derecha.
Es posible que en la presidencia de Sheinbaum prevalezcan las continuidades con el sexenio de López Obrador por sobre algunos elementos positivos. Pero es bueno remarcar que, en el continente de los Milei, Bolsonaro, Tarcísio Gomes y Bukele, se aprecia en este país tan importante de América Latina un cierto margen para frenar a la derecha.
