Fabio Beltrame & Piero Neri
Ismail Haniyeh, el jefe político de Hamas desde hace dos décadas, fue asesinado en Teherán con un misil teledirigido. Esto sucede solo unas pocas horas después de que el ejército israelí haya reivindicado el asesinato en Beirut del comandante militar de Hezbollah, Fuad Shukur, señalado como responsable del ataque en los Altos del Golán, ocupados por Israel desde 1967, en el que perdieron la vida doce niños de la comunidad drusa Majdal Shams.
No es la primera vez que Israel es responsable de acciones terroristas en territorio iraní y en el de otros países. Aunque en esta oportunidad no hizo comentario oficial alguno, los criminales y exultantes dichos públicos de los ministros de la extrema derecha en el gobierno hablan por sí mismos. Por su parte, Teherán –otra vez provocada y desafiada– promete venganza. La trágica realidad ante todo indica que la sucia guerra entre Israel y Hamas ha provocado, desde el 7 de octubre, la muerte de más de 1.200 israelíes y casi 40.000 palestinos, desplazando a la población de Gaza que se encuentra sometida a condiciones terribles de hambre y enfermedades. Además, también pagan las consecuencias de la espiral de guerra, terrorismo y cinismo político otras poblaciones de la región, por ejemplo en Líbano.
Los recientes acontecimientos confirman y profundizan el peligro de una nueva escalada bélica regional. Los Estados Unidos no parecen interesados en una guerra abierta entre Israel e Irán, mientras que este último hasta el momento demostró no querer correr el riesgo de un choque generalizado con el Estado israelí. Sin embargo, el belicismo intrínseco a los protagonistas directos e indirectos de este conflicto, su irracionalidad y las crecientes irresponsabilidades, así como la existencia de formaciones que echan leña al fuego, como la extrema derecha en el gobierno israelí, sumado al mismo Hamas, más que nunca plantean el riesgo de un torbellino bélico incontrolable y de imprevisibles consecuencias. Todo esto ya está comportando efectos dramáticos para la población palestina y la judía y complican todavía más el destino de los rehenes detenidos en la Franja de Gaza.
Los acontecimientos en Medio Oriente demuestran, una vez más, que su mundo, el de los poderosos y opresores belicistas, vive un ocaso y un final sanguinario. En este contexto cada vez más amenazador, sobresalen las experiencias y los intentos de pacificación entre el pueblo palestino y el judío que, aunque sean minoritarios, indican que es posible elegir un camino de alternativa radical al remolino mortífero de guerra y terrorismo del que son protagonistas tanto el Estado de Israel como Hamas.
Publicado originalmente en La Comune online
