Editorial: Un buen sentido de libertad

Milei está decidido a perseguir, difamar y callar a quienes piensan distinto. Mientras allana locales de izquierda y encarcela a manifestantes, arremete con el proyecto de restablecer la SIDE –evocando a los servicios de inteligencia de la dictadura militar–, con la baja de la edad de imputabilidad a los 13 años, y con la restricción al ingreso de la prensa a la Casa Rosada para controlar la información que circula. Mientras tanto, como telón de fondo de esta obra pesadillesca, un grupo de diputados del oficialismo visita en la cárcel a Astiz y otros genocidas. El gobierno está suprimiendo las libertades de pensamiento y de expresión popular a fuerza de mordazas y palazos, por eso decimos que es liberticida. Necesitamos tomar conciencia de lo que está en riesgo.
Para nosotras y nosotros, seres humanos, compartir libremente lo que pensamos es indispensable para definir nuestras ideas, contrastarlas y mejorarlas. Para conocernos y conocer la realidad que nos circunda, para colaborar y cooperar tomando decisiones y sopesando las posibilidades y consecuencias. Ser libres de expresar lo que sentimos y pensamos es una exigencia vital, rastreable incluso desde la infancia, por ejemplo, cuando entre niños/as deliberan (¡por horas!) cómo llevar adelante un juego. Es, también, una búsqueda propia de muchas amistades femeninas, porque en ellas puede liberarse, justamente, la propia intimidad, acorralada por la cultura patriarcal. La libertad de hablar de sí y de poder escuchar lo que otros piensan es un tesoro para la conciencia en la juventud, porque es cuando descubrimos que podemos hacernos una idea propia sobre la vida y sobre los demás. Incluso, conquistar la libertad de expresión (a todo campo) fue uno de los motivos de radicalización de multitudes frente a regímenes totalitarios, como lo hicieron las mujeres iraníes y los hombres que las siguieron, algunos años atrás.
En definitiva, ser libres de expresarnos es fundamental para la vida en todos sus aspectos. Aunque no es, de por sí, una garantía de buenas decisiones. Porque si se pondera la libertad de expresión como un valor absoluto sin pensar en el bien de los demás, en realidad se vuelve una expresión sin control de prepotencia individualista.
Así es para los burgueses y patriarcas, significa “liberar” lo peor de su humanidad: la violencia, la intolerancia, las frustraciones y la capacidad de dañar a los más vulnerables. Para ellos, la libertad de expresión (un “caballito de batalla” de sus democracias) es una concesión que debieron otorgar para hacer más digeribles y aceptables sus proyectos opresores a los ojos de las mayorías, aunque férreamente controlada por instituciones estatales, religiosas o familiares. Una concesión que, sin embargo, en pleno derrumbe de sus civilizaciones opresivas, están cada vez menos dispuestos a otorgar y son cada vez más incapaces de garantizar.
Para nosotras y nosotros, humanistas socialistas, la libertad de expresión es una condición indispensable para buscar el bien en común. Porque así las mujeres, primeras en el cuidado de la vida, pueden deliberar en libertad encontrando los mejores caminos de bien para todos. Porque favorece un conocimiento recíproco sincero y una unión más profunda entre las personas, porque exige saber hablar de sí, pero también aprender a escuchar. Porque se puede elegir y definir un significado compartido de las ideas y valores que vivimos para enseñarlos, sedimentarlos y defenderlos juntas/os. Al mismo tiempo y por estas razones, la búsqueda del bien común puede cualificar y orientar la práctica de la libertad por la que nos batimos.
Para quienes conformamos organizaciones de izquierda, la libertad de expresión debe ser un derecho inalienable a defender frente al ataque de los liberfachos que gobiernan. Garantizar la libertad de organización, de manifestación y de disenso es la primera contribución que debemos ofrecer para nuestro propio compromiso y para que muchas personas comunes que están intentando batallar por sus derechos puedan desarrollarlo en paz y en plena independencia. Por esto, vemos urgente e indispensable unirnos y construir un Frente Único contra la derecha reaccionaria y liberticida, en defensa de la vida y de las libertades democráticas elementales. Por nuestra libertad y la de todas y todos los que estamos juntos defendiendo condiciones de vida más dignas.

Comité de Redacción