Por Fabio Beltrame
Inon, de 49 años, es un empresario turístico israelí. Sus padres fueron asesinados en el kibbutz Netiv HaAsara durante el pogromo terrorista de Hamas del 7 de octubre. Abu Sarah, de 44 años, es un pacifista y periodista palestino, residente en Jerusalén Este. Cuando tenía nueve años, su hermano mayor Taiseer fue arrestado y hecho prisionero por casi un año; poco después de su liberación, falleció a causa de las torturas recibidas. Ambos se encontraron después de que Abu Sarah le escribió a Inon, unos días después del 7 de octubre, expresándole sus condolencias. Desde ese momento, se hicieron portavoces de una campaña contra la venganza y por la reconciliación ideando un evento que, con la participación de 6.000 personas, fue la más grande reunión bajo techo entre israelíes y palestinos luego del comienzo de la guerra en Gaza. El encuentro en el Menora Center de Tel Aviv del 1 de julio, “It’s Time: To Make a Deal. To Stop the War. To Make Peace” (“Llegó el momento: de llegar a un acuerdo, de parar la guerra, de hacer la paz”, ndt), fue claro desde su mismo título. Muchos de los participantes lo definieron de manera más simple como “Hope!”: ¡esperanza! Un sentimiento que unió a judíos y palestinos de Israel. Muchos de ellos, con el corazón henchido de dolor, se fueron alternando en el escenario y recordaron sus dramáticas experiencias. Es el caso de Liat Atzili, secuestrada y mantenida de rehén en Gaza hasta fines de noviembre. Un evento por momentos festivo y que podría parecer hasta fuera de tono respecto a la realidad de la guerra: el asesinato de casi 40.000 palestinos, sobre todo mujeres y niños, la Franja de Gaza arrasada casi por entero, centenares de miles de personas constreñidas a vivir en carpas sin comida ni agua y miles de detenidos en las prisiones israelíes, sometidos a torturas y abusos. Junto a ellos, hay 1200 víctimas israelíes, entre las que se encuentran trabajadores inmigrantes y palestinos asesinados el 7 de octubre, mientras que otras decenas de miles de personas fueron desplazadas y la suerte de los rehenes, aún en manos de los terroristas, es cada vez más sombría.
Sin embargo, es posible elegir otros caminos, con coraje y contra la corriente, como quisieron demostrar los participantes con una única voz, contra una sociedad atrapada por la guerra y por el miedo al otro, pero también cruzada por el odio, envenenada de racismo y crueldad; que deliberadamente ignora la ocupación histórica y la verdad sobre los crímenes que Israel está cometiendo en Gaza y con un gobierno que manda a callar todas las voces que se alzan por la paz y la justicia con base en la infame acusación de traición. ¡Esperanza! Es lo que clamaban judíos y palestinos en la búsqueda en común de un compromiso humano por la justicia, la igualdad, la autodeterminación, la seguridad, la libertad y, finalmente, la pacificación. ¡Esperanza! Para todas y todos aquellos que viven entre el Jordán y el Mediterráneo. ¡Esperanza! Es el horizonte para dos pueblos destinados a vivir por siempre juntos en esta demasiado amada y condenada Palestina.