Guerra en Gaza: belicismo imparable y chances humanas

Ignacio Ríos

La guerra en Gaza ya cosechó cerca de 40.000 víctimas, la mayoría, mujeres y niños. La que desarrolla Israel es una guerra genocida que además carece de objetivos y proyectos claros y creíbles. Más bien está exacerbando los conflictos regionales, como el que se apresta con Hezbollah o con Irán, con un sistema democrático terminado que no puede poner orden en ningún lugar y mucho menos en Medio Oriente.

El sufrimiento del pueblo palestino se agrava por el accionar de Hamas, un aparato reaccionario y dogmático que reprime a sus opositores al interior de Gaza y pretende construir los cimientos de un Estado teocrático y ultrapatriarcal con el régimen iraní como modelo. Empezando por el raid antisemita del 7 de octubre, jamás se preocupó por el bienestar de la población gazatí, a quien, por el contrario, utiliza como escudo humano.

Más allá de las necesarias distinciones (uno de los ejércitos más sofisticados del mundo y, por otro lado, milicias que luchan desde escombros y túneles), es necesario tomar partido contra ambos contendientes en defensa de la vida de las poblaciones, por el inmediato alto el fuego y la devolución de los rehenes israelíes y también de las y los palestinos presos en las cárceles sionistas.

Ante esta encrucijada, es lamentable que no haya claridad entre la mayoría de las fuerzas de izquierda, históricamente posicionadas con el pueblo palestino. Salvo raras excepciones, prevaleció un alineamiento directamente inmoral con Hamas o bien una omisión de su verdadero carácter por considerarlo equivocadamente parte de una “heroica resistencia”. Para el movimiento trotskista, esto significa una fuerte debacle respecto al mismo Trotsky y a sus mejores herederos, quienes, en el pasado, supieron diferenciarse lúcidamente de las direcciones nacionalistas, reformistas y burguesas incluso al calor de acontecimientos revolucionarios.

Justamente lo más benéfico, y también lo más realista, pasa por ligarse y apoyar a las expresiones desde abajo más interesantes. Por ejemplo, las grandes manifestaciones en Tel Aviv contra el gobierno de Netanyahu que exigen un alto el fuego, o bien las denuncias de los objetores de conciencia y reservistas del ejército israelí sobre las masacres y las torturas. Desde los activistas que se juegan la vida todos los días en los campamentos de refugiados de Gaza hasta las iniciativas de encuentro y diálogo entre palestinos e israelíes. Señales humildes, pero importantes, de una posible pacificación entre la gente común y de un horizonte de convivencia y de rescate.