En las últimas décadas, la gente común de este continente supo dar vida a enormes gestas de dignidad y autodeterminación. Dos ejemplos claros, con fuertes contenidos comunitarios, fueron el Caracazo de 1989 en Venezuela y las protestas por el agua y el gas en Bolivia a principios de la década del 2000. Los proyectos políticos que se instalaron en aquellos países con posterioridad (el chavismo y el MAS de Evo Morales) no tuvieron más remedio que relacionarse con aquel protagonismo popular y con las consecuencias de tamañas rebeliones.
Hoy la situación es diferente porque, a falta de una más clara iniciativa de los de abajo, solamente marcan el compás de la situación esos mismos aparatos ya desgastados, agresivos y sin rumbo.
La verdad detrás de ese extraño y supuesto “intento de golpe de estado” de Bolivia del 26 de junio quedó oculta por la opacidad de la política decadente, aunque es creíble que el hecho esté relacionado con la feroz interna de poder entre Evo y Luis Arce. En las elecciones venezolanas previstas para este 28 de julio puede pasar cualquier cosa: el dictatorial Nicolás Maduro puede inhabilitar a todos los candidatos, montar un fraude o desconocer los resultados. Poco se puede esperar de la oposición de derecha venezolana, tradicionalmente represora, racista, xenófoba y sometida a los Estados Unidos.
Son escenarios de fuerte polarización entre sectores del poder opresivo y poco falta para que se entable alguna confrontación abierta que involucre a los segmentos de la sociedad civil sobre los que se apoyan. Si la política es la gestión del poder opresivo que brota de los Estados –a su vez, todos ellos nacidos de la guerra–, no sorprende que la dinámica de crisis y disputa entre facciones rivales se traduzca en una lógica del conflicto permanente y en una gestión cada vez más bélica de la política y de los mecanismos democráticos. Por eso es que toda la política democrática está girando a la derecha, ya que se acentúa la marca de fábrica caudillista y autoritaria de, por caso, el chavismo o el MAS (¿hasta dónde llegarán Maduro y los suyos para conservar el poder? ¿Y qué está dispuesto a hacer Evo para volver al mismo?). Mientras tanto, en los diferentes países, esta tendencia puede coincidir, o no, con victorias electorales de la derecha o de la extrema derecha, lo cual se explica también por la deriva inmoral y el derrumbe cultural de las sociedades estatales, así como por la desilusión ocasionada por los gobiernos corruptos y hambreadores.
En este contexto, se hace indispensable rescatar las expresiones independientes de búsqueda de bien, de defensa de la libertad y de compromiso por la justicia que constituyen un archipiélago de esperanza y solidaridad. Se trata de las mejores señales de emersión humana, y sus huellas suelen estar en la tenacidad del protagonismo femenino para cuidar la vida, en la búsqueda de dignidad de los inmigrantes y en algunos destellos concienciales de la juventud. Aun siendo expresiones minoritarias, representan un recurso vital cotidiano que podría suscitar una reacción que quiebre la complicidad con el caudillismo y con la violencia política que, seguramente, irá en aumento.
