A 48 años de la Noche de los Lápices: todos a la calle para gritar ¡a los genocidas ni olvido ni perdón!
Camila Carbia
El 16 de septiembre de 1976, la dictadura cívico-militar secuestró a diez jóvenes que eran en su mayoría líderes del movimiento estudiantil secundario en La Plata. No fue casual. Muchos de ellos se habían radicalizado en los años anteriores y encabezaban marchas multitudinarias por el boleto estudiantil. En el marco de una crisis económica galopante, el costo del boleto ponía en riesgo el acceso de los más pobres a la educación. Es decir que, para muchos, la lucha por el boleto estudiantil era por defender a los últimos y la igualdad de oportunidades.
No olvidemos que la dictadura se ensañó particularmente con los jóvenes y adolescentes. El llamado “Proceso de Reorganización Nacional” distribuía manuales entre los docentes de escuelas y universidades para identificar a los “subversivos”. ¿El objetivo? Intimidar, imponer el miedo y la sumisión a quienes se atrevían a cuestionar el poder, a quienes pensaban distinto, a los que buscaban la libertad.
Tampoco olvidemos que todos los gobiernos post 83 son, en mayor o menor medida, responsables de reciclar a los genocidas y de impedir que se conozca la verdad sobre los crímenes cometidos bajo la dictadura. Así como tampoco debemos olvidar a los desaparecidos en democracia, tanto en gobiernos kirchneristas como macristas.
Es importante recordar porque hoy Milei y su banda distorsionan el relato sobre la dictadura apoyándose en el manoseo que hizo el peronismo de la causa de los derechos humanos. Es muy peligroso: pretenden congraciarse con los genocidas en la cárcel, niegan el número de desaparecidos, realizan desfiles militares, rehabilitan la figura de Menem que otorgó el indulto a más de 200 militares, allanan locales de izquierda e impiden el derecho elemental a manifestarse.
Es por eso que en la próxima marcha por la Noche de los Lápices, la primera bajo un gobierno negacionista de la dictadura, es más importante que nunca nuestra participación y protagonismo. Para gritar bien claro: ¡a los genocidas ni olvido ni perdón! Para defender el derecho elemental a la educación gratuita como parte de nuestra exigencia de equidad, así como también la libertad de expresión y manifestación. Para dar la batalla entre la juventud por la solidaridad contra el egoísmo, sabiendo que hay un gran porcentaje de la misma que todavía apoya a Milei. Para descubrir el poder benéfico de la libertad de las mujeres contra la revancha antifemenina en curso. Para recordar y reinterpretar la búsqueda de justicia y libertad que los genocidas quisieron –pero no pudieron– cancelar y que tanto le molesta a los liberfachos en el poder.
