Aprendamos de Trotsky: el FIT-U y toda la izquierda podemos unirnos frente a la avanzada reaccionaria y liberticida



Mario Larroca 

El contexto actual es bien distinto al de la Europa de los años 30 del siglo pasado cuando el nazismo llegaba al poder en Alemania, el fascismo gobernaba desde 1922 en Italia y se hacía evidente el peligro de la extensión de la peste totalitaria a otros países. Es diverso, en primer lugar, porque el sistema democrático global con hegemonía norteamericana (el mismo que hoy está llegando a su fin) recién se fundaría en 1945, luego de dos bombas atómicas que fueron el corolario de la Segunda Guerra Mundial. En la fase actual, tenemos, solo por hablar de nuestro continente, democracias burguesas decadentes que, lejos de constituir “cercos sanitarios” a la regeneración fascistoide, les han abierto las puertas de par en par, al punto de acceder al poder por vía electoral, a personajes siniestros como Trump, Bolsonaro y Milei. Entonces, más allá de las diferencias de época histórica, el riesgo de que el belicismo y la decadencia sin control de los poderosos –asimilados por sociedades en disgregación– degenere en polarizaciones sociales destructivas y en una generalización de la deshumanización en curso parece estar a la orden del día.

En nuestro medio, las facciones de Milei y de Villarruel compiten entre sí por ganar el campeonato del autoritarismo represivo y de la reivindicación del terrorismo de Estado, de la misoginia, el hambre, la homofobia y el racismo, del odio y la maldad contra los sectores populares y sus organizaciones. ¿No habrá llegado la hora de unirnos las fuerzas de izquierda, partiendo del respeto por la diversidad y del intento de superar mezquindades, para empezar a enarbolar una propuesta creíble en la lucha contra los enemigos de la libertad y del bien común?

¿Por qué León Trotsky?

Porque al interior de las filas revolucionarias fue quien con mayor lucidez advirtió la urgencia de reaccionar ante el peligro que se cernía sobre la humanidad de la mano del nazifascismo, ese tipo especial de formación etnocida y contrarrevolucionaria que apuntaba a destruir a las organizaciones del proletariado, arrebatándoles toda posibilidad de defenderse. Aún así la política del Partido Comunista alemán, en función de la igualación de la socialdemocracia con el fascismo, atentó contra la constitución de un Frente Único defensivo, lo que aseguró la derrota de la clase obrera. La sensibilidad y la fortaleza moral de Trotsky llevó a sus seguidores en Francia a contribuir a poner en pie finalmente ese Frente Único de las organizaciones de los trabajadores, pero cuyo contenido programático fue girando sucesivamente, a la par de la orientación de la Tercera Internacional dirigida por el estalinismo, hacia los acuerdos con las burguesías democráticas y los partidos reformistas.

Con este artículo buscamos abrir una reflexión que se vuelque en las páginas de este periódico y auspiciamos que dé lugar a diferentes debates. Más allá de que nuestra búsqueda humanista y socialista se encuentra lejos de las concepciones de liberación que, como la de Trotsky, se inscriben en el estatalismo revolucionario, su batalla teórica y práctica contra el fascismo representa una fuente de inspiración de cara al desafío central que, tal como lo interpretamos, tenemos por delante quienes nos batimos por el bien y la libertad de los últimos en sentido emancipatorio.