Julia Haberfeld
Los últimos días estuvieron sacudidos por la denuncia de Fabiola Yáñez contra Alberto Fernández por violencia de género. Se trata de una noticia grave y lamentable, aunque no sorprendente, tratándose de uno de los líderes de una corriente política que históricamente tuvo un claro sello patriarcal, como es el peronismo, y que cuenta con un montón de violentos entre sus filas. En primer lugar, queremos expresar nuestra solidaridad con ella: el patriarcado atraviesa cualquier estrato económico y social y golpea también a las mujeres que son internas a sus espacios de poder. Luego, queremos preguntarnos ¿qué conclusiones podemos sacar de lo sucedido? Es un desafío pensar con claridad, pero para esto hay que sustraerse de la morbosidad y obscenidad de los medios masivos de comunicación que terminan por enturbiar una reflexión más profunda.
La hipocresía de la política queda develada muy explícitamente a la luz de estos hechos: estamos hablando del mismo hombre que hace algunos años vestía corbata verde y decía estar “poniéndole fin al patriarcado”. ¿Qué nos dice esto de las instituciones estatales y qué podemos esperar de ellas? ¿Podemos confiarles la defensa de nuestra vida? La creación del Ministerio de la Mujer, que parecía ser una gran victoria para el feminismo institucional, hoy quedó reducida a una “conquista” efímera que, sin mucho esfuerzo, Milei pudo deshacer de un día para el otro. ¿Delegarles nuestro protagonismo es verdaderamente útil?
Caer en la resignación es fácil en un contexto como este, por eso es importante pensar en dónde sí pueden radicar nuestras esperanzas. ¿No es más creíble confiar en las mujeres mismas y pensar que, si nos unimos, nuestra vida puede cambiar concretamente y ser mejor? Muchas de nosotras experimentamos, hace unos años, en la lucha por el aborto, que estar juntas nos hace sentir más fuertes y seguras, que nos necesitamos la una a la otra para restituirnos esa fuerza que el género femenino expresa cotidianamente, pero que después nos cuesta tanto reconocer en nosotras mismas. Hoy más que nunca depende de nosotras defender nuestra vida y nuestra dignidad, delegar en el Estado no es una opción creíble. Entonces, ¿no pueden estos ser motivos para empezar a imaginar un protagonismo de las mujeres desde abajo? Te invitamos a seguir reflexionando sobre estos temas en los colectivos del Círculo de Amigas Feministas.
