La
tradición de organizarse por causas solidarias tiene una historia particular
aquí, en Argentina (como en cada lugar del mundo), y una perseverancia que
puede parecer inusual en esta época, pero ha sido especialmente condicionada y
corrompida por una lógica del hacer alienado, separado del pensamiento. Si bien
la separación entre medios y fines es propia de todas las políticas, también de
izquierda, el peronismo ha llevado esto al límite, intoxicando ideológicamente la
búsqueda de organizarse, que terminó siendo concebida de manera
ultrapragmática. Es decir, reduciendo la praxis a un hacer extrañado de la
propia capacidad de pensar y vivir la vida en torno a principios y valores
éticos positivos.
Ante
el desencanto de muchísimas personas progresistas que, en los últimos años,
confiaron de buena fe en el peronismo y que hoy se escandalizan ante la
evidencia descarada de su total corrupción material y moral, no queda otra que
decir que esto siempre estuvo a la vista de quien lo quisiera ver y que haber
relativizado la gravedad de los desvalores de esta formación política burguesa (nacionalismo,
machismo patriarcal, lógica arribista, negación de la simpatía de Perón por el
fascismo, culto de la ignorancia expresada en la frase “alpargatas sí, libros
no”…) le ha abierto las puertas a la degradación moral creciente de la sociedad
–aunque no sea la única causa–, como se ve hoy en el apoyo de grandes sectores de
la población al liberfacho de Milei o en el clima de egoísmo y prepotencia que
se propaga en la sociedad.
La
izquierda, por historia, por las lecciones dejadas por algunos de los
referentes de su tradición y por su posicionamiento, habría podido afrontar
estos criterios profundamente burgueses, pero no lo intentó nunca seriamente. Ha
buscado, de manera infructuosa y equivocada, influir políticamente en las bases
del peronismo sin confrontar los peores desvalores de los que los oprimidos
también necesitaban (y necesitan) liberarse en primera persona… y terminó
influenciada ella misma. De todas formas, aun siendo protagonista de errores clamorosos
de caracterización que, por ejemplo, la llevan a apoyar a una dirección
burguesa, criminal y teocrática como Hamas en la Franja de Gaza (dejando así
más desprotegido al martirizado pueblo palestino), tiene la posibilidad de
reaccionar. Puede hacerlo porque la motivación de su compromiso es estar genuinamente
del lado de los más humildes y oprimidos, lo que los pone del lado de valores positivos,
y por su intransigencia con las clases dominantes.
Hoy,
como venimos denunciando desde hace meses, el gobierno está atacando a las
organizaciones populares y de la izquierda con represión y persecuciones,
allanamientos y amedrentamientos. Es una cuestión particularmente grave en
momentos en los que es vital organizarse para defender los puestos de trabajo, para
paliar el hambre de cientos de miles de niñas/ os, para defender la libertad de
las mujeres y de la juventud. El clima que impone el gobierno es de rasgos
fascistoides y es crucial denunciar y frenar esta avanzada peligrosa. Atacan a
las organizaciones que defienden la dignidad de las personas y, más
profundamente, quieren hacer mella en el derecho a organizarse, tratando de debilitar
el sentido de humanidad que proviene de quien se compromete colectivamente por
el bien de los demás. Lo hacen en función de un espíritu individualista vacío y
frustrante. Pero ni esto ni la lógica del hacer alienado pueden anular la
aspiración a ser mejores en común. Poder rescatar este aspecto de fondo y
enfrentar la indiferencia es parte de un compromiso por la defensa de los
mejores recursos íntimos de los que disponemos.
Para
fortalecer esa perspectiva, es necesario que las organizaciones de izquierda
tomen conciencia de lo que está en juego y nos unamos en un Frente Único contra
la derecha reaccionaria en defensa de la vida y de las libertades democráticas
amenazadas, como son la de expresión y la de organización.
Para que organizarse implique un principio de alternativa de vida en torno a valores positivos, para que el ser mejores se exprese en el actuar cotidiano y no se obture en un hacer cosas ciego y sordo, creemos que es fundamental construir ámbitos inspirados en un humanismo socialista y comunitario, como lo estamos intentando las compañeras y compañeros de Comuna Socialista. Estamos convencidos de que la época difícil que vivimos exige el coraje y la tenacidad de intentar ser mejores y más libres: por cada uno, por mejores relaciones, por una vida asociada, basada en la búsqueda del bien común. Por eso te lo proponemos. Un camino de esas características puede comenzar con un intercambio de opiniones sobre este periódico. En la reflexión de cada protagonista, puede cobrar un sentido particular y más concreto el significado de una comunión humana benéfica.
COMITÉ DE REDACCIÓN