Editorial: Organizarse, es decir, ser mejores juntos

Muchísimas personas se comprometen de manera organizada para buscar en común una vida mejor y más justa. Son miles en este país y es una expresión que remite a una cuestión humana basilar: la utilidad, el beneficio y el bienestar que comportan la colaboración y la cooperación entre personas que se unen, más o menos explícitamente, en ideas y prácticas comunes.

La tradición de organizarse por causas solidarias tiene una historia particular aquí, en Argentina (como en cada lugar del mundo), y una perseverancia que puede parecer inusual en esta época, pero ha sido especialmente condicionada y corrompida por una lógica del hacer alienado, separado del pensamiento. Si bien la separación entre medios y fines es propia de todas las políticas, también de izquierda, el peronismo ha llevado esto al límite, intoxicando ideológicamente la búsqueda de organizarse, que terminó siendo concebida de manera ultrapragmática. Es decir, reduciendo la praxis a un hacer extrañado de la propia capacidad de pensar y vivir la vida en torno a principios y valores éticos positivos.

Ante el desencanto de muchísimas personas progresistas que, en los últimos años, confiaron de buena fe en el peronismo y que hoy se escandalizan ante la evidencia descarada de su total corrupción material y moral, no queda otra que decir que esto siempre estuvo a la vista de quien lo quisiera ver y que haber relativizado la gravedad de los desvalores de esta formación política burguesa (nacionalismo, machismo patriarcal, lógica arribista, negación de la simpatía de Perón por el fascismo, culto de la ignorancia expresada en la frase “alpargatas sí, libros no”…) le ha abierto las puertas a la degradación moral creciente de la sociedad –aunque no sea la única causa–, como se ve hoy en el apoyo de grandes sectores de la población al liberfacho de Milei o en el clima de egoísmo y prepotencia que se propaga en la sociedad.

La izquierda, por historia, por las lecciones dejadas por algunos de los referentes de su tradición y por su posicionamiento, habría podido afrontar estos criterios profundamente burgueses, pero no lo intentó nunca seriamente. Ha buscado, de manera infructuosa y equivocada, influir políticamente en las bases del peronismo sin confrontar los peores desvalores de los que los oprimidos también necesitaban (y necesitan) liberarse en primera persona… y terminó influenciada ella misma. De todas formas, aun siendo protagonista de errores clamorosos de caracterización que, por ejemplo, la llevan a apoyar a una dirección burguesa, criminal y teocrática como Hamas en la Franja de Gaza (dejando así más desprotegido al martirizado pueblo palestino), tiene la posibilidad de reaccionar. Puede hacerlo porque la motivación de su compromiso es estar genuinamente del lado de los más humildes y oprimidos, lo que los pone del lado de valores positivos, y por su intransigencia con las clases dominantes.

Hoy, como venimos denunciando desde hace meses, el gobierno está atacando a las organizaciones populares y de la izquierda con represión y persecuciones, allanamientos y amedrentamientos. Es una cuestión particularmente grave en momentos en los que es vital organizarse para defender los puestos de trabajo, para paliar el hambre de cientos de miles de niñas/ os, para defender la libertad de las mujeres y de la juventud. El clima que impone el gobierno es de rasgos fascistoides y es crucial denunciar y frenar esta avanzada peligrosa. Atacan a las organizaciones que defienden la dignidad de las personas y, más profundamente, quieren hacer mella en el derecho a organizarse, tratando de debilitar el sentido de humanidad que proviene de quien se compromete colectivamente por el bien de los demás. Lo hacen en función de un espíritu individualista vacío y frustrante. Pero ni esto ni la lógica del hacer alienado pueden anular la aspiración a ser mejores en común. Poder rescatar este aspecto de fondo y enfrentar la indiferencia es parte de un compromiso por la defensa de los mejores recursos íntimos de los que disponemos.

Para fortalecer esa perspectiva, es necesario que las organizaciones de izquierda tomen conciencia de lo que está en juego y nos unamos en un Frente Único contra la derecha reaccionaria en defensa de la vida y de las libertades democráticas amenazadas, como son la de expresión y la de organización.

Para que organizarse implique un principio de alternativa de vida en torno a valores positivos, para que el ser mejores se exprese en el actuar cotidiano y no se obture en un hacer cosas ciego y sordo, creemos que es fundamental construir ámbitos inspirados en un humanismo socialista y comunitario, como lo estamos intentando las compañeras y compañeros de Comuna Socialista. Estamos convencidos de que la época difícil que vivimos exige el coraje y la tenacidad de intentar ser mejores y más libres: por cada uno, por mejores relaciones, por una vida asociada, basada en la búsqueda del bien común. Por eso te lo proponemos. Un camino de esas características puede comenzar con un intercambio de opiniones sobre este periódico. En la reflexión de cada protagonista, puede cobrar un sentido particular y más concreto el significado de una comunión humana benéfica.

COMITÉ DE REDACCIÓN