Claudio Guidi
Cuando, en la mañana del 28 de julio, nuestro querido Robertino falleció inesperadamente, muchas/os de nosotras/os estábamos en la Casa de la Cultura adonde él también estaba por llegar para el encuentro del Largo Verano¹.
Naturalmente, no se desarrolló la iniciativa que teníamos prevista, pero fue fundamental estar juntos. Estimulados por Dario Renzi, tratamos de orientar esa emoción tan dolorosa hacia el intento de conocer todas y todos juntos y aún más a Roberto. Varias y varios contamos de su vida y de sus elecciones, ante todo, Silvia Ghidotti y Giorgio Floridia.
Conocí a Roberto en su instituto de formación profesional y constituimos rápidamente la “célula del Settembrini” con Tonino y Flavio en la primavera de 1979. Eran tiempos de socialismo revolucionario, el que Robertino eligió y defendió con determinación todas las veces que fue necesario; pero, al mismo tiempo, ello representó el inicio del recorrido que lo llevó a nuestro humanismo socialista en el que también se reencontró verdaderamente en lo que aspiraba a ser. Justamente Roberto, que venía de una familia obrera y trabajaba desde los 17 años, siempre buscó un rescate humano. Rescate que no solo pasaba por la “lucha” sino, en primer lugar, por la cultura, el cuidado de las ideas, el cultivo de la solidaridad y la generosidad que expresaba con tanta fuerza a pesar de la gran timidez que lo caracterizaba.
También junto con Roberto –así como, de diversa forma, con otras compañeras y compañeros que después, desafortunadamente, tomaron otros caminos– hemos elegido y comenzado a constituir la novedad (más bien, el escándalo) que fuimos y somos en el panorama de la izquierda. Era una persona muy estudiosa y reflexiva, y se había apasionado de inmediato con la teoría general humanista socialista. Por ejemplo, tan solo algunos meses atrás, me dijo que, luego de haber vuelto a estudiar Fundamentos de un humanismo socialista, se había puesto a releer algunos de nuestros escritos de principios de los años 90 para entender mejor los orígenes de nuestro recorrido común.
Había elegido de manera convencida ser un humanista socialista. Sin embargo, estas elecciones de fondo –renovadas a lo largo del tiempo a pesar de las muchas contradicciones– no siempre nutrieron decisiones cotidianas que, a veces, iban en un sentido más disonante: en primer lugar, en lo que tenía que ver con el cuidado de sí mismo con todo lo que ello comporta, algo en lo que fue oscilando demasiado con el correr de los años.
Lo discutimos muchas veces con Roberto, pero todas/os nosotras/os, en particular quienes fuimos más cercanos, no supimos aprender a ser más y mejores en comunión por la vida, en la que el cuidado de la salud, tanto propia como ajena, es un elemento fundamental. En esto, como en otras cosas, nos invitaba a pensar Dario Renzi en las reflexiones compartidas aquel domingo, para reaccionar en el intento de radicalizar de manera renovada la búsqueda común que caracterizó también la vida de Robertino.
Personalmente, lo llevo conmigo, como siempre. Con su presencia acogedora, generosa y reflexiva; con aquella sonrisa abierta, orgullosa y de corazón que revelaba su alma, que nos une desde hace casi cincuenta años.
(1) Se trata de la iniciativa “Yo, tú, nosotros” que se reprogramó para el 7 de septiembre.
Publicado originalmente en La Comune (Italia) n. 451
