Entrevista a cargo de Gianluca Petruzzo
Roton es un
compañero de La Comune comprometido dsde hace años con la Asociación
antirracista e interétnica 3 de Febrero y punto de referencia para muchos
bengalíes en Italia. En el marco de las iniciativas del Largo Verano “Las raíces
de una paz posible” que se desarrollan en la Casa de la Cultura, el 20 de septiembre
tendremos con él un diálogo sobre su viaje a Bangladesh.
Gianluca: A comienzos de agosto leímos en la prensa italiana noticias fragmentadas y confusas sobre lo que estaba sucediendo en Bangladesh. Esos días vos estabas allí ¿nos podrías explicar mejor qué sucedió?
Roton: Los
estudiantes comenzaron a manifestarse contra una ley que establece cuotas en
los concursos públicos reservadas a los combatientes de la lucha del 71 por la
liberación de Bangladesh y a sus familiares y herederos. Para muchos, es una
ley impopular porque crea discriminación y clientelismo. El gobierno, en respuesta
a las protestas, desencadenó una represión feroz con centenares de muertos y
heridos. Por la debilidad de la conciencia de los manifestantes, la lucha tomó
un giro negativo. Su rabia, que también es justa, fue utilizada por los
políticos y los usuales oportunistas para alimentar una ciega y generalizada
violencia: fueron asaltadas las cárceles, destruidos los hospitales y el subte,
así como fue mucha la violencia contra las mujeres y numerosos los
linchamientos. El 6 de agosto los manifestantes asaltaron también la residencia
de la premier Sheikh Hasina, luego de que se escapara a la India. La violencia continuó
en todo el país atacando también los símbolos del 71, como el derribamiento de
las estatuas de personalidades que dieron su vida por nuestro país. En este
clima, los militares tomaron directamente el poder y proclamaron un nuevo
gobierno.
GP: ¿Cómo es la
situación ahora?
R: El gobierno,
controlado por los militares, es presidido por un banquero, Mohamed Yunus, que
hizo su fortuna promoviendo el microcrédito. Si bien fue galardonado con el
premio Nobel de la Paz, es, de todas maneras, un capitalista que se enriqueció
prestando dinero a las personas pobres con intereses altísimos. En su gobierno,
bien visto por los Estados Unidos, hay militares y ex militares, algunos
estudiantes que guiaron las protestas, junto a funcionarios de su banco y a
figuras ligadas al extremismo religioso y al nacionalismo. Incluso, algunos
sectores de los estudiantes denunciaron esta operación como una traición y
perdura hasta ahora un clima de fuerte tensión y violencia. Es una historia
triste: cuando cae un gobierno se abre el enfrentamiento entre quien sostiene
el nuevo poder y aquellos que sostenían el viejo. Han sido los políticos los
que infundieron la cultura de la contraposición. La gente está asustada también
porque la violencia política y de las bandas de criminales comunes sucede ante
los ojos de los militares y nos habla de la naturaleza de este acuerdo.
GP: Imagino lo
que han sido estos eventos para vos y tus seres queridos mientras estabas en
Bangladesh…
R: Tuve mucho
miedo, por mí y por mi familia, por los amigos y las personas que junto a mí
han luchado por los derechos y por un país mejor. Todos los días temíamos ser
objeto de ataques violentos. Junto con algunos amigos, dimos vida a un grupo de
autodefensa en un pueblo, pero en la ciudad, en el edificio donde vivo, no lo logré
porque algunos grupos de estu
diantes nos amenazaron sosteniendo que eran solo
ellos los que debían garantizar el orden.
GP: ¿Qué
esperanzas albergás para tu pueblo hoy?
R: En mi
opinión, la gente debe superar la política porque es allí donde radica la
cultura de la violencia y de las divisiones. Sé que no es fácil, pero creo que
el camino para vivir mejor comienza por ahí. En Bangladesh, aún es fuerte la
cultura política impregnada de violencia. Hay que comenzar a reflexionar sobre
la cultura y mejorar el pensamiento. Nuestros sacrificios para mejorar nuestra
vida, el compromiso antirracista y solidario con los inmigrantes, no se pueden
dispersar en las divisiones que crea la política. Me dirijo también a los
hermanos y hermanas de Bangladesh que están aquí en Italia: no nos dejemos
influenciar por quien quiere enfrentarnos a unos contra otros por sus propios
intereses. Debemos comprometernos por la pacificación entre nuestra gente.
Publicado originalmente en La Comune (Italia) n.451