Editorial: ¿Indignarse o ser protagonistas?

 



Sentires contradictorios de esperanza e indignación agitan los ánimos de muchas buenas personas en estos tiempos.

La oposición parlamentaria se arrastra por el peso de su propia decadencia corrupta. Puede generar cierta ilusión de mejora con alguna iniciativa parcial para ponerle freno al gobierno más reaccionario desde la última dictadura (y, de paso, intentar lavarse el rostro mugriento). Pero enseguida estas expectativas momentáneas se chocan con la furia liberfacha de Milei y su banda, con la hipocresía impúdica de políticos que no dudan en darse vuelta y la indiferencia de tantas personas comunes.

Tal vez hay que ampliar la mirada y darle un nuevo sentido a la esperanza, reconociendo que expresa la insoslayable y tenaz actitud sentimental de proyectar un futuro mejor. Por lo tanto, mejor cultivar esperanza en las personas que pueden cambiar, buscándolo en primera persona, no en la política, opresiva y decrépita. Si la mirada es a las mujeres y los hombres, artífices de la vida, y no a las instituciones, responsables de su negación, es posible ser protagonistas de otro modo de vivir. Solidario, no indiferente. Generoso, no mezquino. Respetuoso y amplificador de los derechos de las mujeres, no prepotente y patriarcal. Inclusivo, no racista. Pacífico, no violento.

¿De dónde puede nacer una perspectiva así? ¿No hay destellos de ello en el cuidado femenino de los y las niños/ as, (si respetáramos ese valor supremo, sería verdaderamente inaceptable que le tiraran gases lacrimógenos a una nena) y de cada aspecto de la vida? ¿No se vislumbra una potencialidad benéfica y amplificadora en el reconocimiento que cada ser humano hace del otro como un semejante, que lo lleva a la práctica de la colaboración como un bien en sí? ¿No implica esto ejercer una conciencia activa y profunda de la realidad que nos rodea, de las necesidades y cualidades humanas más profundas? ¿No exige cultivarse de manera alternativa, recuperando la capacidad de concentrarse, de leer y aprender aquello que los burgueses quieren ocultar, afrontando la incultura desenfrenada que ostentan sin rebozo?

Pensar y responder estas preguntas requiere levantar la mirada de las pantallas, hablarse, interesarse, respetarse y escucharse recíprocamente. Es decir, jugarse y empezar a practicar valores distintos.

Es una perspectiva que está al alcance de muchas/os. Pero exige gran coraje, nutrido de la razón que activa los mejores sentimientos. Puede expresarse cotidianamente, en cada ámbito de la vida. Implica defender la propia dignidad junto con los compañeros de trabajo; cultivar las buenas relaciones entre vecinos; defender a los más humildes del racismo, de los atropellos y de la insensibilidad; respetar y hacer valer la libertad de las mujeres como libertad de todos; denunciar la represión estatal y unirse contra ella; ofrecer solidaridad y gentileza; practicar la pacificación entre las personas.

Son aspectos fundamentales de lo que nosotras y nosotros, de Comuna Socialista, consideramos un compromiso para vivir mejor, que tiene su centro en la práctica de valores benéficos inspirados en la comunión humana. Para que aquel sea más constante, auténtico y duradero requiere alimentarse de ideas. Por eso es fundamental investigar y formarse, si se quiere verdaderamente cambiar para mejor. Es un compromiso de afirmación sustractiva de las lógicas opresivas, independiente ideal y materialmente, con sus propios lugares, instancias e instrumentos: para esta noble causa te pedimos que colabores siendo partícipe de nuestra campaña anual de autofinanciamiento.

También es parte de este compromiso buscar la interlocución con otras propuestas de la izquierda. Para que quienes estamos incondicionalmente del lado de los oprimidos defendamos juntos, en un frente único, la vida y las libertades democráticas tan amenazadas por la derecha reaccionaria que gobierna.

Comité de Redacción de Comuna Socialista