Desde Brasil: emergencia climática

 



Ines Freitas (desde San Pablo)

Durante cuatro días consecutivos, la ciudad de San Pablo lideró el ranking de las ciudades con peor aire del mundo según el sitio web suizo IQAir que calcula ese índice. Días sofocantes que culminaron con 76 muertes por síndrome respiratorio agudo.

El origen de los focos de incendio es criminal y tuvieron su inicio en el llamado “Día del fuego”, acciones de agricultores del agronegocio que, en 2019, comenzaron a realizar quemas en protesta contra las políticas ambientales de preservación de la selva, justo en el período de sequía y de tendencia a los incendios.

Este año, las acciones alcanzaron a todas las regiones del país y el 60% del territorio nacional está en llamas, devastando tres de los principales biomas brasileños: la Amazonia, el Cerrado y el Pantanal, además de otras áreas de vegetación, inclusive aquellas vecinas a las grandes ciudades. Todo esto en medio del fenómeno de El Niño donde la escasez de agua está secando ríos y aislando ciudades y comunidades.

El gobierno toma acciones tímidas para combatir los incendios por temor a la confrontación directa con los millonarios del agronegocio –que tienen su propia representación parlamentaria en la tríada de extrema derecha denominada la bancada BBB (Bala, Buey, Biblia), diputados y senadores elegidos oriundos de la industria de las armas, del agronegocio y de las iglesias neopentecostales.

Los especialistas del cambio climático alertan sobre el llamado punto de no retorno en el que la selva no conseguirá regenerarse más. Ningún argumento impide la saña criminal de los poderosos y la incompetencia de la política de conciliación del gobierno, al contrario, Lula prepara su espectáculo para recibir a la COP 30 en 2025 (Conferencia sobre el Cambio Climático) que tendrá sede en Belém en el corazón de la Amazonia con la presencia de grandes nombres de la política mundial, artistas internacionales y gran cobertura mediática, donde renovará las habituales promesas del compromiso ambiental que no serán cumplidas.

Son muchas las comunidades y personas que resisten y luchan por la preservación de la selva y por una relación saludable con la naturaleza primaria. Así trabajan incansablemente las brigadas de voluntarios. Con poquísimos recursos y equipamientos, combaten el fuego con fuerza y coraje intentando asegurar la preservación de la selva, la seguridad de las comunidades y el rescate de los animales.

Estas son expresiones claras de las tensiones benéficas que emergen en nuestra gente voluntariosa y parten de una aspiración humana afirmativa orientada al bien común y hacia la preservación de la vida que no cesa nunca.