Mariana Camps
Decenas de
compañeras, compañeros y amigas y amigos de Comuna Socialista se reunieron en
asamblea este 7 de septiembre para reflexionar sobre la moral y la ética en el
compromiso. Se trata de un tema central porque, en un mundo atravesado por las
guerras y la lógica bélica, lo más importante es poner en primer lugar el amor por
la entereza de la vida. Esto implica que nos estamos jugando por ser diferentes
buscando el bien, como atestigua nuestro posicionamiento del lado de la humanidad
sin fronteras y por la pacificación, que desafía la lógica de los campos que
suele estar presente en los ámbitos de izquierda.
El punto de
partida de este encuentro fue el relato que hicieron quien escribe y Ana Gilly
de la Asamblea General de nuestra Corriente Internacional Humanista Socialista realizada
a finales de junio en La Casa de la Cultura en Vallombrosa, Italia, dirigida por
Dario Renzi¹.
El intercambio,
vivaz y fecundo, versó sobre la necesidad de poner en el centro de nuestra vida
comprometida una práctica moral más coherente y compartida, más pensada e
interpretada. Solo una experimentación de este tipo, que implica dar profundos pasos
adelante, puede permitirnos, en tanto corriente y organizaciones, abrir un
recorrido de fundación ética que sea fruto de la elaboración y práctica libre y
en común.
El entramado de
intervenciones dejó ver un ámbito diferenciado en el que antiguos y nuevos
compañeros y compañeras comienzan a pensar más seriamente que esta reflexión y
la búsqueda de autosuperación concreta que debería acompañarla son fundamentales
para afirmarse sustractivamente en este contexto.
La fuerza
expresada estos meses en el compromiso por la defensa de la vida contra el
gobierno de Milei es un recurso valiosísimo para este desafío.
¹Un apasionante
reporte de dicha instancia fue publicado en las páginas centrales del número 95
de este periódico.