Esencial es la búsqueda de bien con otros


 

Mariana Camps

“Servicio esencial” es el nuevo eufemismo que usa el gobierno para prohibir el derecho a huelga de las y los trabajadores. La actividad aeronáutica, la medicina, la educación serían tan esenciales como para que su personal esté condenado a trabajar siempre, cueste lo que cueste. Pero tampoco tan esenciales como para que tengan un salario decente o condiciones laborales dignas. Otra novedad es la de los “premios” a quien nunca falta a trabajar, entre los docentes, o a quienes atiendan bien, entre los médicos, como se implementaría en Mendoza. Con estas expresiones “ideológicas” buscan justificar su inocultable brutalidad: consideran a los sectores de trabajadores como una masa a explotar a toda costa y disciplinar.

Siempre entendí que los médicos intentarían atender bien en función de la vocación que eligieron y del juramento hipocrático que realizaron al momento de recibirse. Siempre creí que se está en mejores condiciones de enseñar si se tiene el derecho de preservarse (y preservar a otros) en caso de enfermedad. Como expresan algunos delegados, un clima de colaboración y no de competitividad es lo mejor para un buen desempeño de las tareas. 

El gobierno quiere terminar con una dinámica histórica, una tradición de organización y reactividad social que, si bien condicionada por la burocracia sindical, que ha obturado todo lo que pudo un mayor protagonismo independiente desde abajo, aun así, molesta al Estado y a las patronales sedientas de mayores ganancias. 

Ese protagonismo independiente hoy sería indispensable para conquistar la simpatía de sectores de la población y, de ese modo, fortalecer las luchas por una vida más digna. La solidaridad dentro de los ámbitos laborales y desde afuera es un recurso clave contra el individualismo extremo que se propaga desde arriba. Conocer las razones de fondo de quienes están haciendo frente al ajuste y la represión de los liberfachos, puede ser un primer paso para desafiar la indiferencia y la deriva narcoléptica, mentirosa y egoísta en la que los poderosos locales buscan sumergir a las mayorías. Porque, entre seres humanos, lo más esencial es preocuparse por los otros.