Estados Unidos: improvisaciones emotivas






Barbara Spampinato

En el caudal de comentarios periodísticos sobre las elecciones presidenciales de Estados Unidos, se puede leer, por un lado, sobre el renovado entusiasmo del electorado democrático luego de la renuncia de Biden y sobre la convención de Chicago en la que Kamala Harris fue nominada; y, por el otro, sobre el consecuente nerviosismo de Donald Trump, cuyos probables y comprometidos accesos de ira intenta prevenir su staff de varias maneras.

En una situación que, como fue reconocido en la convención democrática por los Obama, es todo lo contrario a fácil, parece que prevalecen los aspectos más contingentes y superficiales: de un lado, se hace hincapié en la emotividad del público y, del otro, se improvisa, dado que ninguno de los dos candidatos tiene soluciones de fondo a la descomposición de los asuntos sistémicos; Kamala Harris hasta hoy ni siquiera tiene un programa claro, mientras los contenidos que motivan al electorado de Trump son conocidos y destacados. Como falta una visión del futuro, la improvisación reina soberana y se intenta atraer al electorado solicitando su emotividad, que expone a las personas a ser presas de frustración rabiosa o de una euforia sin bases claras: estados de ánimo que resultan más peligrosos en el actual deshacerse de la sociedad democrática que, en la enemistad e incluso en el odio recíproco, precipita hacia un escenario de guerra civil.

Los periódicos italianos tratan el tema según esquemas locales que no funcionan para Estados Unidos: haciendo, implícita o explícitamente, la simplificación por la cual los demócratas serían la izquierda y los republicanos, la derecha. Pero los esquemas no funcionan más y la prueba está en los trágicos acontecimientos que acompañan a este fin de la contemporaneidad: las guerras. Tanto con respecto a Ucrania como a Medio Oriente, se equivocaría quien esperase encontrar en el frente republicano solo halcones y en el democrático, solo palomas. Lamentablemente, la rapacidad es el rasgo distintivo de los dominantes decadentes en ambos bandos, que puede expresarse de manera diversa de acuerdo a las oportunidades, pero los acomuna en la incapacidad de proyectar soluciones con un mínimo de perspicacia al final de su mundo para detener el belicismo propio y de los otros.

El punto actual de la carrera hacia la presidencia del país líder del sistema democrático es que cada uno de los candidatos intenta pescar en el bando del otro. Pero esto no debe sorprender si se considera que los rasgos comunes de los diversos contendientes por el dominio son, en el fin del sistema, mayores que los distintivos. A pesar de lo que los periódicos progresistas escriben, también en nuestro país.

Publicado originalmente en La Comune (Italia) n.451