Ignacio Ríos
Una novedad de la guerra en Ucrania de las últimas
semanas es la incursión de tropas de Zelensky en territorio ruso, en la región
de Kursk, por lo que los pobladores de la zona ahora están arrinconados entre
aquellas fuerzas y las de Putin, alguien impasible ante las bajas civiles. Por otro
lado, el presidente ucraniano negocia incansablemente con sus aliados para que
le permitan utilizar los misiles occidentales contra las bases rusas y ya no
solamente dentro de su territorio, además de que hace rato que sus drones
armados sobrevuelan Moscú. A todo esto, no se recuperó ni un palmo de la
península de Crimea, lo que va poniendo en cuestión el carácter “defensivo” de
la guerra que emprende Zelensky con el apoyo de las democracias occidentales
contra el criminal Putin. Pero además de ser siempre ofensivas, agresivas, encarnizadas
en primer lugar contra la población civil, las guerras actuales parecen no
tener fin. Lo que se puede prever de esta guerra es más caos, más conflictos y
una posible escalada regional.
La humanidad está en peligro con estos señores de
la guerra al comando de las maquinarias estatales. Muchas personas tratan de sustraerse,
como las decenas de miles de jóvenes ucranianos que se fugaron de su país que
ya bajó la edad de reclutamiento a los 25 años. O los jóvenes conscriptos rusos
que, en un reciente documental que se pudo ver en el Festival de Venecia, afirman
que “no queremos matar, o morir”, pero que “nos mandan a morir con los ojos
cerrados, como gatitos ciegos”.